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Archive for 29 mayo 2011

Si ya has  leído este blog o es la primera vez que lo lees, debes saber algo: amo a Borges. Me gusta porque en su obra se condensa la idea del “Poeta” que nos enseña el Maestro Ricardo González Vigil en la facultad de Literatura en la PUCP. Poeta no es aquel que se dedica a la fabricación y estetización de versos, Poeta es aquel que juega con el lenguaje, es aquel que vive en el lenguaje y se vuelve un instrumento de él. En Borges se condensa el ideal narrativo y la justicia lírica, es un autor que trabaja no sólo desde la visión ficcional sino que le da el sustento filosófico preciso, la concepción cosmológica necesaria y la magistralidad lingüística. Todas estas apreciaciones son pobres frente a estudios especializados en el autor; sin embargo, esta apreciación es válida en tanto que me permite introducirme a la presentación de uno de los mejores libros que he leído en cuanto a narrativa contemporánea se refiere: El inventario de las naves de Alexis Iparraguirre.

Este libro se divide en siete cuentos y cada uno de ellos es un mundo, un mundo de intertextualidad, un mundo de juego del lenguaje. En este libro el personaje preponderante es Borges, básicamente, porque es el Gran Otro que mira a sus personajes desde un panóptico de tal forma que son libres, pero observados, ajusticiados y condenados. Borges es, en este libro, una alegoría de su propia persona, el autor que se ha diferenciado de sus personajes, pues su devenir se ha vuelto independiente de su creador.

El panóptico de Bentham

Este libro es la metáfora de un poema simbolista, que muy adentro lleva un vacío que no es dado por el autor  sino performado por el lector, y con el que este crea un nuevo texto, pues cada lector es un mundo en el cual la narración se inscribe de manera directa. En ese sentido, El inventario de las naves funciona como una correlación de símbolos de orden fractal, mejor dicho, en su visión general existe una estructura que se reproduce en cada cuento particular y que se retroalimenta hasta el infinito; sin embargo, la fractalidad es tal que si uno de sus elementos desaparece se corre el riesgo de perder el sentido; cómo no entender entonces que estos cuentos (así como las cartas del tarot de “La hermandad de la luna”) “…son un abismo de magias y analogías…” Habría entonces que preguntar por la simbolización en el mazo de cartas, por la cadena de signos que pena en los cuentos y dónde limita el orden simbólico. De los signos que pueden encontrarse muchos pueden enfrentarse con la realidad, con la misma ficcionalidad e incluso con la estructura de los cuentos fantásticos clásicos y sobre este punto trabajan los lectores, lectores que no pueden ser primerizos en el encuentro con la literatura, pues se pierde la rica intertextualidad latente; sin embargo, tampoco puede ser leído desde los ojos censuradores del intelectual moderno que ha cercenado la potencialidad del lenguaje. Este libro debería ser leído según la potencialidad subyacente en sus palabras y la maquinaria expresiva que conlleva cada una de ellas; por eso las interpretaciones no son arbitrarias en tanto cada una de ellas lleve la historia de su lector, en tanto cada de una de ellas se haya hermanado con el contexto mismo en el que es leído. En ese sentido, la teoría dramática de Brecht da mejores luces sobre este asunto. Bertolt Brecht habla sobre la capacidad del arte dramático para presentar significados contradictorios para que el espectador no tome la puesta en escena como una obra completa y “perfecta” sino como una obra que debe ser analizada; Brecht considera importante la capacidad crítica del espectador. En el libro de Alexis Iparraguirre se enfrentan las lecturas intelectualoides que llevan a la intertextualidad, que imprimen el academicismo, el misticismo y el análisis social condensado en una serie de estructuras lingüísticas finamente trabajadas, se enfrentan a las lecturas nóveles de los adoradores de los temas policiales, de las preguntas existenciales juveniles y los sueños post-apocalípticos comunes. El manejo del lenguaje brinda al lector esta apertura.

Por esa potencialidad para el lector es que la obra se convierte en un texto recomendable, pues no es narrativa que pretende la clausura del lenguaje, de las analogías ni las relaciones. Es una obra que apertura al lector a su interpretación, al análisis de sus metáforas, la veracidad de los datos y la persecución de sus conexiones con libros y acontecimientos cultural y socialmente conocidos. Es un libro que se inscribe en la tradición del Poeta que se convierte en herramienta del lenguaje y ha olvidado la visión del escritor calculador para dar paso al genio maligno, al Gran Otro.

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El amor cortés fue un motivo literario muy usado en otros tiempos, en el Perú contemporáneo Alfredo Bryce ha rescatado este tópico y lo adaptó a la lengua castellana moderna, grandes ejemplos son sus libros Huerto Cerrado, Un mundo para Julius o El huerto de mi amada, donde repite este modelo en un lenguaje muy peruano y actual. El presente trabajo se centrará en el cuento “Una mano sobre las cuerdas (Páginas de un diario)” del libro de cuentos Huerto Cerrado; este cuento trata de Manolo y su enamoramiento de Cecilia, un amor de verano que sufrirá pruebas que el mismo Manolo nos cuenta y resuelve ante nuestros ojos, nada es pues suficiente para controlar al amor; sin embargo, con el análisis lacaniano podremos interpretar las actitudes de Manolo como resultantes de una patología de su fascinación y no como el amor verdadero y puro que él cree poseer.

Vayamos primero a la estructura central del texto, se encuentra divido en dos secciones: lo descrito por un narrador en tercerea persona omnisciente y lo escrito por Manolo, narrador en primera persona. Nos centraremos en el discurso de Manolo, pero volveremos inevitablemente a ese gran Otro narrador. En primer lugar, vale decir que el personaje manolo es un personaje diferente a cualquier otro en el cuento, es una persona culta y religiosa que, haciendo añoranza a los modelos del Siglo de Oro como Lope de Vega o Garcilazo, será un gran cristiano, pero a la vez un violador de sus propias creencias y limitaciones. Volviendo con Manolo, tempranamente nos enteramos que es un sujeto que se forma a partir de las opiniones de sus amigos y de su entorno en general, estas opiniones se podrán considerar como el deseo del otro, esos discursos le permitirán construir el fantasma de su objeto a, que en este caso es, la ya mencionada, Cecilia. Fantasma que consideramos forma parte o representa al “amor  cortés”. Tres elementos nos permitirán hacer esta consideración tan fundamental para la interpretación:

  1. El hombre experimentado y la mujer virgen
  2. Obstáculos para tener a la mujer
  3. Declaración de amor según el modelo idílico

El punto 1. es un claro leiv motiv de la literatura amorosa y se evidencia en “Ella me dijo que era el primer hombre que la besaba. Yo seguí los consejos Enrique, y le dije que ya había besado a otras chicas antes. Enrique dice que uno nunca debe decirle a una mujer que es la primera vez que besa, o cualquier otra cosa.” (Bryce 72). Es clara la interpretación de este primer aspecto y en cómo Manolo se ciñe al deseo del otro, a su discurso. Sobre el punto 2. hay diferentes ejemplos, pero nos abstendremos a la declaración del propio personaje “¡Qué manera de complicarme la vida!”(72), este ejemplo si bien no muy representativo nos ayudará a entender ciertos preceptos del campo teórico. Sobre el punto 3. volvemos al texto “-¿Podrías subirte un momento sobre este pilar? – Bueno, pero estás chiflado… … – Ya Manolo. Apúrate. Nos van a ver, y van a pensar que estamos locos. – Te quiero Cecilia. Tienes que ser mi enamorada.” (71). Este modelo caballeresco lo podemos encontrar en diversas novelas medievales y hasta en el Quijote. Teniendo fundamentado la condición de fantasma de amor cortés, pasaremos a la visión del objeto de deseo de Manolo, Zizek dice sobre el objeto a: “El objeto sólo puede ser percibido cuando se lo ve desde un lado, en forma parcial, distorsionada, como su propia sombra. Si lo miramos de frente, no vemos nada, tan sólo vacío… …sólo a través del fantasma se construye el sujeto como deseante.” (Zizek 24). Entendemos entonces que Manolo se constituye como deseante a partir de su visión del amor, visión que encontrará su materialización con la aparición de Cecilia en su vida, Manolo dibuja su idea de Cecilia y elije verla de ese modo, el cuento nos enfrenta sólo ante la visión de él, la focalización se da para no enfrentarnos directamente al vacío del objeto. Por esa razón, los “links” a los conocimientos, sentimientos y esperanzas de Manolo nos permite conocer su fantasma; así mismo podemos tomar en cuenta al amor cortés de Zizek donde el sujeto se denigra ante la mujer-ama, el hombre busca la suspensión del deseo, los impedimentos son parte del deseo del hombre hacia la mujer, “lo que realmente esperamos y deseamos de la dama es simplemente otra prueba, otra demora.” (225). Manolo comienza un performance de pertenecer a la dama, cuando en realidad es el quien pone las reglas del juego (220), Manolo forma los impedimentos y hace ver como que fueran naturales o parte de Cecilia -si rememoramos el extracto citado sobre este punto podemos entender mejor esta idea.  Ante toda esta representación del objeto, sucede un hecho que desestabiliza el orden simbólico de Manolo: “(César) Se rió como si se estuviera burlando de mí, y me preguntó si alguna vez me había imaginado a Cecilia cagando.” (Bryce, 74). ¿Por qué lo desestabiliza? Porque sabotea el fantasma del amor cortés, su fantasma es tan rígido que este conocimiento de Cecilia como cosa que defeca provoca en Manolo un desencuentro, un desequilibrio. Y es que por más que haya sucedido una subliminación de Cecilia al erotizarse ciertas partes del cuerpo no por su posición anatómica (caminada de pato) sino debido al modo en que el cuerpo es apresado en la red simbólica (Zizek 38), a pesar de este movimiento hay una angustia que siente Manolo ante esta pregunta de César: “Sólo sé que cuando Cecilia llegó, me costaba trabajo mirarla. Le digo que la adoro, y siento un escalofrío.” (Bryce, 74). Esta angustia se puede traducir teóricamente en un acercamiento muy próximo al objeto: “… el peligro de que nos acerquemos demasiado al objeto y de este modo perdamos la falta misma: La angustia es provocada por la desaparición del deseo.” (Zizek 42). Para librarse de esta angustia, Manolo vomita, lo hace porque no asimila lo que ha pasado; Schopenhauer diría que Manolo niega el entendimiento para evitar ver a Cecilia como objeto. Al perderse el deseo, aparece el papel central del otro narrador, restituir el orden simbólico; a partir de su interpretación e información, nuestra visión vuelve a la de Manolo enamorado: “Su amor era su amor. Él lo había creado y quería conservarlo como a él le gustaba. …No conocía otra manera de amar. ¿Había siquiera otra manera de amar? …Sonreía porque sabía que vomitar lo aliviaría. Manolo no tenía la culpa. Cecilia era su amor.” (Bryce 74). Lo citado funciona como un re-estructuración del orden simbólico; sin embargo hay otras apariciones de este narrador que nos permiten entender mejor su papel en el relato. Primero, lo encontramos en el primer párrafo con la descripción del Country Club y las actividades de verano; luego lo encontramos con la descripción de la moda de llevar a la pareja a pasear por el parque Salazar (“le incomodaba verse rodeado de gente que hacía  exactamente lo mismo que él, pero no le quedaba más remedio que someterse a las reglas del juego” (70)). Luego de la restitución del orden simbólico, el cuento finaliza con el gran obstáculo para el amor: el internado y las palabras de Chejov: “Aquel que más ama, es el más débil”. (76)

Por otro lado, la inclusión del narrador en tercera persona se presta a una mejor interpretación con: “La emergencia del lenguaje abre un agujero en la realidad y este agujero cambia el eje de nuestra mirada”(44), por último, este agujero sólo puede ser llenado por una mirada anamórfica: “cubre al objeto con una serie de envolturas fantasmáticas.” (44). Este narrador crea y cuida el orden simbólico de Manolo; en ese sentido, Cecilia cagando es una forma de lo real  que “irrumpe en la forma de un retorno traumático, trastorna el equilibrio de nuestras vidas pero al mismo tiempo es un sostén de ese equilibrio.” (45). Tenemos entonces en esa inclusión la justificación de su existencia, tanto para el narrador (otro) como para Manolo. Manolo pues es quien vela a Cecilia con sus fantasmas. Pero también responde a su deseo de verano, que es andar con César y otros, dejar de ser niño, Cecilia pues responde al deseo de Manolo y por eso sostiene al orden simbólico; Zizek dice que para que se pueda tener a lo real como sostén del orden simbólico deber parecer encontrado y no construido, ahí tenemos el primer encuentro de Manolo con Cecilia: “Hoy he visto a la chica más maravillosa del mundo. Es la primera vez que viene a la piscina y nadie la conoce.” (Bryce 63). Así pues, para que Cecilia cagando sea y siga sosteniendo el orden simbólico, Manolo debe tomar en serio su propia ficción y aferrarse a ella, a su fantasma (Zizek 37), pues “para que la realidad exista, algo debe quedar sin decir.” (25) Es justamente eso que no se dice lo que desestabiliza y ordena, que es Cecilia cagando, Cecilia fuera de su fantasma.

Podemos interpretar mejor que lo que queda fuera del otro narrador es él mismo, él está afuera del texto más que para simbolizar, para imprimir el orden simbólico de Manolo y el cuento, una excelente analogía se podría hacer a este narrador con el corifeo de la Poética de Aristóteles, que es quien organiza y permite comprender la trama, contextualiza la historia a los espectadores.  Si podemos entender este concepto, entendemos que el orden simbólico armado por el narrador a través de Manolo ha sido una treta para el lector, un encuentro entre los personajes y los lectores que éstos no perciben de manera clara ni directa, el encuentro con un real de manera anamórfica, pues el descubrir la manipulación, dice Zizek, sólo fortalece la unión de los amantes (236), o tal vez del lector y el cuento.

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En los últimos días nos hemos encontrado frente a declaraciones fuertes, entrevistas amorosas y censura en los medios de comunicación y todo para dejar muy mal a Ollanta Humala; sin embargo, hoy yo le digo sí a Ollanta. Un sí totalmente afirmativo y no con esperanza de que mantendrá la democracia, sino con la confianza de que hará todo lo que sea posible para mejorar las relaciones de este país consigo mismo: me parece que en Ollanta Humala no hemos encontrado el caudillo al que se refería Flores Galindo, pero sí la formación de una fidelidad al sujeto. Esta fidelidad a la que me refiero no es a ningún proyecto de peruanidad étnica ni de unión latinoamericana, tampoco es fidelidad al velasquismo ni chavismo; es fidelidad en tanto reconoce la importancia de ciertos acontecimientos en la formación de la peruanidad, en tanto reconoce un pasado colonial de oro que nunca existió como Perú, etc.

El primer acontecimiento sería la guerra con Chile y la reconstrucción de la peruanidad. Luego de perder la guerra, el Perú tuvo que restaurar no sólo Miraflores y la Biblioteca Nacional, sino también la peruanidad y el mejor ejemplo de este proyecto es Ricardo Palma y sus Tradiciones peruanas. Estos textos se han inscrito en la corriente literaria del costumbrismo; sin embargo, es válido preguntar si estas costumbres que nos relata Palma son verdaderamente tales.  Guillermo Nugent define este proceso de construcción de la peruanidad como la búsqueda de la arcadia colonial, un pasado que nunca existió como tal, pero al que nos podemos remitir en busca de orden y esperanza con la frase de “Todo pasado fue mejor”. En las lecturas a los textos de Ricardo Palma encontramos la formación del ideario peruano bajo la mirada del limeño letrado, bajo las interpretaciones del individuo de post guerra que trataba de fundar un sujeto peruano de tal forma que no se repita la desunión y la derrota de otra guerra.

Por otro lado, según el texto de Alberto Flores Galindo, La tradición autoritaria, el régimen de Velasco es más importante de lo que se quiere creer en la consideración contemporánea de peruanidad, más precisamente, Velasco le da existencia al gran otro que se había ignorado desde inicios de la colonia; las reformas como el derecho a voto desestabilizaron la estructura social que se había conformado durante varios siglos entorno a pequeños grupos oligárquicos. En ese sentido, el velasquismo fue el segundo acontecimiento en el que se hace presente la alteridad, en el que se hace presente la diferenciación, la exclusión y la fantasía de la arcadia colonial bajo las cuales había formado el ideal de peruano. Tenemos entonces que el primer acontecimiento de ruptura de los órdenes establecidos en el que se muestra el vacío de esta simbolización es la guerra con Chile y el nacimiento de la arcadia colonial, el segundo es el régimen de Velasco y la aparición de la alteridad que siempre había estado latente, pero nunca había sido escuchada pues su voz no resonaba en los oídos  peruanos, pues su existencia había sido denigrada a la del animal-humano y había perdido su capacidad de individuo.

Por último, el tercer acontecimiento es la lucha armada de los 80’s y 90’s. Acontecimiento que trajo a la luz los problemas básicos de esta nación como desigualdad, racismo, etc. Repasar los sucesos de esos años es infructuoso en este momento, sólo hay que salir a la calle y encontrarse con la memoria de aquellos que sufrieron y siguen sufriendo por esos años, sólo hay que entrar al Facebook o Twitter para saber que algo está pasando de nuevo y hay que prestar atención.

Ollanta Humala es para mí el mejor candidato por el reconomiento de estos acontecimientos, porque es claro que su proyecto de gobierno no es sólo la estabilidad y mejora económica, sino también es el inicio de la reconciliación mediante la fidelidad a esos acontecimientos que no nos hacen lo que quisimos ser, pero sí lo que somos. Acontecimientos que han sido olvidados en busca de tranquilidad y estabilidad, pues la ruptura exige cambios, pues el acontecimiento no es el suceso de acciones que marcan de manera perenne la existencia de los sujetos, más bien se encuentra como la huella de una herida a la cual hay que revisar constantemente para que no se infecte y cure bien, para que todos los músculos y tejidos se unan y se vuelvan un sujeto fuerte. Ollanta Humala, me parece, representa la fidelidad al proyecto de igualdad, ésta no sólo económica o social sino también de representatividad y de existencia, igualdad que comprende el derecho a no pertenecer (como las tribus selváticas) y el derecho a hacerlo; me parece que representa el proyecto de unir a los peruanos más allá de su lengua o lugar de nacimiento, más allá de sus culturas y economías. Y es en tanto ese proyecto que encuentro en Ollanta que le doy el Sí, un proyecto que probablemente tendrá problemas por el desconocimiento del camino a seguir;  en ese sentido es nuestra tarea la de construir el camino certero a la reconciliación, la frase más repetida para los dos candidatos es que hay que ser críticos en sus gobiernos, pues yo digo que seámoslo siempre, no sólo respecto a los gobernantes sino también respecto a nosotros mismo y nuestras acciones, porque un buen proyecto de gobierno no es válido sino tiene el apoyo de sus ciudadanos, no es afirmativo sino cuenta con la performance y representatividad de todos y cada uno de nosotros. Porque si queremos unirnos como sujetos y dejar de ver al otro como el animal-humano es hora de performar en aquello que los acontecimientos nos han dejado, es hora de crear la nación entre todos y no sólo entre el presidente y su consejo de ministros.

P.D.  Vale aclarar que este post está influenciado por las conversaciones con Esteban Palma, por Raúl Zegarra y su último post sagradaanarquia.wordpress.com/, asi como por la nota en Facebook de Juan Carlos Ubilluz sobre el sí a Ollanta.

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La inteligencia maquiavélica es una teoría postulada principalmente por Nicholas Humphrey, que sostiene que en la evolución del hombre se desarrolló la habilidad de una “social tool” (o herramienta social). Para responder la interrogante sobre cómo trabaja la inteligencia en el contexto de la interacción social, Humphrey señala que la “social tool”, de la que está provisto el hombre, consiste en la habilidad de representarse en una visión macro de las situaciones que va más allá de la simple abstracción, pues se toma el desarrollo de la “social tool” como la habilidad de un jugador de ajedrez, en el cual no sólo se consideran los movimientos actuales sino también se abarca la potencialidad de próximos movimientos por parte del jugador mismo como también del contrincante; de todo esto se sigue que “it is evolution of social intelligence wich explains human brain power.” (W&B 2). Más precisamente, considera que la inteligencia social no se restringe al ámbito sexual, pues se basa usualmente en relaciones de reciprocidad y/o afinidad. Tenemos entonces que en la evolución del hombre se han dado relaciones sociales que han sido “programadas” por un sutil juego de ajedrez en el cual el sujeto se vuelve un arquitecto de movimientos y, a partir de sus decisiones, se desprende una especie de árbol de decisiones. En ese sentido, el autor distingue inteligencia creativa de inteligencia como aprendizaje (intelligence as learning). Para definir mejor esto se podría decir que se puede llamar inteligencia creativa al momento en que un animal modifica su comportamiento a base de inferencias válidas: la inteligencia, se concluye, es la capacidad de inferir algo totalmente nuevo sobre los eventos próximos. Por otro lado, la inteligencia como aprendizaje consiste en el aprendizaje sobre la sociedad y el aprendizaje desde la sociedad (aprendizaje observacional). La primera de estos es el aprendizaje de las estructuras sociales, reglas, etc. La segunda pretende el aprendizaje mediante la observación de acciones, como, por ejemplo, el aprendizaje que tiene un ave pequeña para volar, para lo que esta mira a su madre e imita sus acciones.

Por otro lado, Humprhey habla de la imposibilidad de que un animal posea una habilidad que exceda sus necesidades, pero también señala que hay animales que performan mejor la habilidad social, por lo que parece que no tuviesen el intelecto social o “social tool”. A partir de este punto, separará la performance en “high level” y “low level”. Con “low level” se refiere al simple proceso inductivo de observación y conclusión, en el cual, se asume que algo va a suceder porque ya ha sucedido bajo las mismas circunstancias repetidas veces en el pasado; “high level” supone la inferencia deductiva de una conclusión nueva sobre la base de premisas. Sobre este punto, dice lo siguiente: “Einstein, like the chimpanzees, displayed his genius at rare times in ‘artificial’ situations –he did not use it, for he did not need to use it, in the common world of practical affairs.”

Hay una aparente contradicción en este punto con el primer dato que nos brinda el mismo autor, entre la capacidad y la performance de una habilidad. Aquí me parece que se puede ligar con la teoría de la gramática universal de Chomsky, en la cual se teoriza la competencia y la actuación lingüística. En el texto, Humphrey habla de la capacidad innata y precisa de un animal con respecto a sus necesidades, pero también habla de la perfomance limitada por la práctica común. Me parece que al igual que Chomsky respecto a la gramática universal, no hay una contradicción, pues estamos hablando de inteligencia social y, como tal, de una performance que se supedita al entorno social, a las reglas del grupo y las capacidades biológicas; de esta manera, al igual que la performance de una lengua determinada no afecta de ninguna manera a la competencia lingüística, la performance de la inteligencia social tampoco afecta la capacidad innata del animal u hombre. Humphrey nos dice que la dinámica de los grupos sociales complejizan las relaciones entre individuos permitiendo mayor performatividad de la inteligencia social; por extrapolación, concluimos que a menor necesidad social, en un grupo más pequeño donde no hayan relaciones sociales complejas, no se dará el high level de manera continua. Esto lo podemos fundamentar con el mismo Humphrey al decir que los animales tienen la necesidad práctica del conocimiento de su comunidad y hábitat. Volvemos pues a que la performance de la habilidad social está basada tanto en su capacidad innata, como en los out-puts que la estimulan. En ese sentido la sociedad cumplirá dos propósitos “educativos”:

  1. Permitir un periodo prolongado de dependencia, en el cual los jóvenes son libres de experimentar y explorar.
  2. Conectando a los jóvenes con los más experimentados, de los cuales aprenderán por imitación

Estos dos propósitos estarán delimitados por un periodo de tolerancia que la dinámica social imprime, así pues no podemos hablar de una estructura fija que se repite en distintas situaciones. Sin embargo, la “educación” de los infantes se verá afectada por el número de generaciones de una misma familia; así pues, se puede tener una sociedad en la que se han generado complejidades sociales fuertes por las disputas entre generaciones diferentes. En ese caso, la inteligencia maquiavélica se debe entender con la frase: “Cooperando hacia adentro, engañando hacia afuera”, que es una manera de simbolizar que la performatividad de la inteligencia social responde a las necesidades del grupo, pero el carácter competitivo que existe entre diferentes grupos sociales es también necesario para el desarrollo de esta habilidad, repito por lo mismo la imagen del jugador de ajedrez que considera los movimientos posibles para ganar el juego. Por otro lado, a pesar del aparente egoísmo en esta imagen, Humphrey también considera el altruismo y la simpatía como generadores de “planes maquiavélicos”, es en ese sentido en que se marca la cooperación grupal (hacia adentro).

Por otro lado, Byrne & Whiten refutan la consideración de la participación del ambiente en la performance de la inteligencia social, pues, como ellos dicen, “una computadora no trabajará mejor en un lugar más grande o pequeño”; sin embargo, esta objeción se le hace a la teoría que postula un módulo social, en la que se darían procesos diferentes en cerebros de diferentes magnitudes. Particularmente, considero que esta apreciación no es contradictoria con la posición de performatividad según el ambiente; para retomar la teoría de Chomsky sobre la facultad innata del lenguaje, la capacidad mental lingüística no trabaja mejor en ciertos ambientes, más bien ese es el punto de Chomsky al referirse a gramática universal y  los out-put que recibe la mente por parte del entorno para la performance de una lengua en particular. En ese sentido, vale utilizar los módulos mentales chomskianos (gramática, pragmática y lexicón), módulos que pertenecen a la mente, pero que no responden a cierta actividad neuronal específica –a este punto Guillermo Lorenzo define la facultad del lenguaje como “una cualidad que ‘emerge’ de la interacción de diversos elementos cerebrales supuestamente relacionados de forma específica con el lenguaje”-, en los cuales la sintaxis funciona como un filtro para el lexicón. De la misma manera, el ambiente sirve como un filtro para la multiplicidad de comportamientos respecto a la inteligencia social.

De todo lo dicho, puedo concluir que la inteligencia social no responde a un módulo cerebral específico, sino a relaciones cerebrales que permiten la emergencia de cierta “competencia” o “social tool” innata en la mente animal o humana, y es en ese sentido en que se puede hablar de un módulo social que no contradice la posibilidad de la interacción con el entorno para la performance necesaria. La inteligencia social pensada como un módulo social mismo, según mi parecer, caería en la contradicción al tener más de lo que se necesita en algunos grupos más pequeños o grandes según sea el caso; sin embargo, si concebimos el módulo social como la teoría modular chomskiana del lenguaje podemos considerar que no se limita a la simple acción conductista del estímulo-respuesta, sino que los out-puts que recibe el individuo son muy importantes en la conformación de esta inteligencia maquiavélica; por otro lado, no quisiera caer totalmente en las estructuras chomskyanas, pues considero que al desenvolverse en el ámbito social del individuo, la inteligencia social no performa siempre de la misma manera y sólo alcanza el high level en momentos de practicidad artificial, sino que, conforme a la vida social se va desarrollando, se van complejizando o simplificando la performance “maquiavélica”. Por esta razón, es de mucha importancia el contacto entre los inexpertos y los expertos (en el juego de ajedrez social), pero también la libre exploración del ambiente en el que habitan.

 

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Acabo de leer un artículo de Albeto Flores Galindo titulado “La tradición autoritaria: Violencia y democracia en el Perú” y definitivamente se ha convertido en mi artículo favorito en los últimos meses. Es, como el título lo presume, un análisis sobre la tradición democrática en el país y su relación con la violencia, a pesar del gran contenido me causó mucho interés la imagen del caudillo mesiánico, según el autor, éste es la esperanza de la reestructuración social en busca de progreso.  “…la figura de un líder mesiánico parecía ser la única fuerza capaz de trascender los conflictos inmediatos e integrar al cuerpo social.”

Ahora, el texto se ubica en el año 1986 y presenta como un análisis que no sólo debe funcionar como tal sino que también debe producir conclusiones hasta cierto sentido prácticas, sinceramente, para mí es un gran texto pre-fujimorista que ya podía vislumbrar lo que se venía. Es que, sin hacer mucho esfuerzo, al recordar cómo se presenta Alberto Fujimori en las elecciones de los 90’s nos damos cuenta que trata de representar al mesías al que se refiere Flores Galindo en su texto. Fujimori trata de presentarse como aquel con quien se solucionarán los problemas sociales, causas y efectos. Y en efecto, al ganar las elecciones se comporta como tal, como aquel que soluciona los problemas y acaba con el terrorismo; sin embargo, en su confirmación del mesianismo el pueblo pierde el derecho a la memoria, al conocimiento del precio que se debió pagar para alcanzar esa “estabilidad”. En ese sentido, me he dado cuenta de que Fujimori se presenta como el Harvey Dent de Batman: The Dark Knight.

Simplemente vale recordar la última escena de esa película (porque me estoy basando en la película) en que Batman decide que la imagen de Dent no se verá manchada por la de “Dos caras”, esto en la necesidad de darle un héroe a Ciudad Gótica, en la búsqueda de esperanza social. Recordemos mejor el papel de Harvey Dent en esa película, su personaje consiste en el verdadero mesías de la justicia, en aquel ser imparable que se enfrente directamente a la escoria que inmoviliza Ciudad Gótica. Una vez que se ha consolidado esta estructura mental al espectador, Dent es enfrentado con la misma escoria a la que quiere vencer y al perder a su novia, perderá también la idea de justicia que había consolidado, su nueva visión se basará en la eficacia natural de la suerte, es de esa manera que decidirá quien vive y quien muere: mediante el lanzamiento de una moneda, dejándoselo a la suerte, como si la vida del sujeto se definiera en el momento decisivo en que la moneda gira en el aire. A pesar de todo, Batman y el jefe Gordon deciden que ocultarán los asesinatos de Dent y los adjudicarán a Batman, concluirán que es mejor mantener la esperanza de un futuro mejor en una ciudad hecha pedazos que destituir del lugar mesiánico a Dent.

De verdad hay que hacer la analogía directa con Fujimori¿? El problema que no se plantea Batman es que la memoria siempre está presente, que el rol mesiánico es puramente temporal, pues la verdadera historia surgirá y es totalmente posible pensar ese escenario, simplemente hay que verlo representado por el retorno del Joker, aquel ser que representa la anarquía absoluta, la contradicción misma del sistema. Fujimoria se presenta como Dent, como el mesías que está destinado a resolver los problemas, aquel que viene de la clase media trabajadora y estudiante del Perú, aquel que siente el problema de no representar por no pertenecer a la mayoría racial, aquel que está fuera del orden político reinante, aquel que puede enfrentarse directamente a la escoria que azota la nación y no sólo eliminarla sino también solucionar los problemas que subyacen a esta escoria. Sin embargo, la memoria regresa, en su mandato no duró mucho la máscara mesiánica para los sectores educados y académicos, para los otros, ese pueblo silencioso y olvidado Fujimori siguió representando la imagen de Harvey Dent en Ciudad Gótica. La memoria se reencuentra con el discurso social en estos últimos meses, los delitos cometidos en el régimen de Alberto Fujimori están hoy más presentes que hacer quince o diez años, incluso están más presentes que en el momento en que periodistas y universitarios salían a las calles en voz de protesta frente a la dictadura fujimorista. Es claro el por qué, es porque Keiko representa la amenaza del olvido, representa la falsa promesa mesiánica. Promesa mesiánica se trató de identificar en PPK (porque realmente no sé cómo escribir su nombre), pero la contradicción fue demasiado latente, porque hay demasiada diferencia social como para valorar a un candidato en el que las masas no están identificadas, porque la diferencia no es sólo tal sino que es más bien diferancia (en el sentido derridadiano); PPK no es ahora el candidato que lidera las preferencias tal vez porque no es el héroe que el Perú necesita sino que el Perú merece (en el sentido de que hay gran valoración en cuanto a su curriculum, en el sentido de que si el Perú fuese sólo Miraflores, San Isidro y La Molina llevaría al Perú al crecimiento exponencial).

Fujimori no se presentó sólo como el salvador, se presentó como el mesías y no vino sólo sino que trajo con él la palabra o ley divina que materializó en la constitución del 92’, convocó a sus discípulos de diferentes partes del territorio para evangelizar según sus deseos y por último, profetizó su regreso y la continuidad de su iglesia. Tengamos cuidado pues con la profecía fujimorista, tengamos cuidado con el uso de la memoria en los diarios y programas de coyuntura electoral, porque no importa qué es lo que realmente querramos hacer, la memoria se encuentra latente, pero también esa promesa que pervive en la esperanza de los pobres, los olvidados que aún creen en su mesías representado en Keiko, aquellos que todavía prefieren ver a Dent y no a Dos Caras. Es necesario que la verdad salga a la luz, que toda la sociedad se enteré de Dos Caras y sus atrocidades de tal forma que se difumine totalmente la visión mesiánica de Fujimori, dejemos de pensar pues que porque nosotros sabemos de los crímenes cometidos en esa época o porque comúnmente se habla de corrupción fujimorista, todos saben de qué hablamos, todavía hay gente que no sabe y no es culpable del hecho. La ciudad letrada también se ha apropiado de la memoria, del derecho de olvidar y recordar lo que a ella  le parece apropiado, tal vez sea hora de desenmascararnos para poder superar este discurso mesiánico.

P.D. Si eres fanático de Batman, lo siento.

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