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Archive for 24 julio 2011

Comenzó la Feria del Libro en Lima y trae novedades, pero también constantes decepciones y enojos.

Lo mejor de la FIL:

  • Comunitas librería. Esta librería que se ha caracterizado por ventas online, ha logrado un puesto en la Fil. En el stand de la feria no tiene mucho libros, pero su página web promete variedad. Me parece que lo mejor de su oferta son los libros de Trotta Editorial, con libros de Scholem, Schopenhouer, Benjamin, Habermas, Adorno, etc. Así como Taurus con autores como Todorov, Grossman y, hasta donde tengo entendido, una muy buena edición de la Crítica a la razón pura de Kant.
  • La embajada de Venezuela. Esta embajada tiene un stand más amplio que los otros y trae títulos interesantes como por ejemplo los de Biblioteca Ayacucho: Ficciones de Borges, Sobre héroes y tumbas de Sábato, etc. Vale la pena darse una vuelta para revisar qué sorpresas puede traernos la amenaza chavista.
  • La embajada de Chile. Con sus insignes escritores Roberto Bolaño, Gonzalo Rojas y Vicente Huidobro. Del primer encontramos sus novelas conocidas como 2666, Los detectives salvajes, etc. Pero también novedades como “Los sinsabores del verdadero policía”, novela póstuma que guarda estrecha relación con la ya famosa 2666.
  • Estruendomudo. El acierto de esta editorial peruana ha sido la de encontrar a un gran escritor y a un gran traductor. Si la reseña de Alexis Iparraguirre sigue la verdad del texto, debemos esperar mucho más del recién descubierto Bilge Karasu y su novela, editada por el sello peruano, “El jardín de los gatos desaparecidos”.
  • Editorial Planeta. Con ofertas en la sección de pintores y fotógrafos. 50% en libros de la obra pictórica de Salvador Dalí y Vincent Van Gogh.
  • Librerías La Familia. Como siempre esta librería trae buenos libros como la nueva edición de bolsillo de Alianza Editorial, un formato más sobrio y completo que trae novedades como Los hermanos Karamazov de Dostoievsky en un sólo tomo a 80 soles. Además han conseguido las novedades en el autor oriental Amin Maloof y también traen novedades en su sección de estudios filosóficos a cargo de Adriana Hidalgo Editorial, autores claves como Giorgio Agamben, Franz Rosenzweig, Didi Huberman, etc.
Estos son unos de los aciertos que ha traido la feria de este año, vale la pena darse una vuelta para encontrar aquellos stands que suelen dejarse de lado, pero que siempre traen un as bajo la manga.
Lo malo de la FIL 2011:
  • La embajada de Argentina. Esta embajada tiene uno de los mayores stand de la feria y no vende libros. Muy interesante que en una Feria de Libro no vendan lo que promueben. Lo que pasa es que en realidad son editoriales argentinas que buscan distribuidoras y librerías peruanas interesadas. Sus mayores desaciertos son provocar a los compradores y fanáticos librescos con títulos como Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato en la editorial Alción con estudio crítico y escritos del autor sobre el texto. Una decepción realmente.
  • La casa verde y El virrey. Librerías que brillan por su ausencia, librerías que le darían otros aires a la FIL.
  • Este año se celebran los 100 años del nacimiento de Jose María Arguedas y Adolfo Wesphalen. Dónde está la promoción¿? La FIL no debería estar avocado simplemente a la venta de libros, en teoría debería interesarse por la difusión cultural. Un acto significativo sería rendirle un pequeño, pero justo homenaje literario a uno de los mejores escritores peruanos del siglo pasado.
  • Por último, la entrada a la FIL cuesta 3 soles, yo me pregunto por qué. Qué renombrado escritor han traído los organizadores para justificar el cambio de 1 sol a 3 soles (Corbacho? Ortiz?) Acaso no es el mismo lugar en el que se hizo la FIL el año pasado¿? La ubicación sigue siendo pésima, no hay estacionamiento. Por qué el alza de la entrada¿? Por otro lado, acaso la FIL no es una actividad que busca la difusión de la cultura y el hábito lector generalizado¿?. Yo tenía entendido que  la FIL era el espacio en que los peruanos disfrutaban de ver libros, compartir exposiciones, etc; sin embargo ahora vale preguntar para quién se está reservando este derecho. No es que quiera hacer política, pero vale la pena recalcar que si el objetivo es la difusión de la cultura es necesario el precio mínimo. El cliché del lector aristócrata ronda nuestra desgastada ciudad.
En fin, la FIL es un momento para disfrutar, para ser torturado por la indecisión de comprar tal o cual libro e incluso, si es posible, de reventar la targeta de crédito con ejemplares que perdurarán largamente en las memorias de sus lectores. No es la mejor FIL, pero siempre es bueno encontrarse con amigos y compartir la conversación desinteresada de tal o cual título.

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Jorge Luis Borges en su cuento “El milagro secreto” narra la historia de Jaromir Hladík, escritor de ascendencia judía que es sentenciado a morir por fusilamiento a manos del ejército nazi de la Segunda guerra. Su culpa fue escribir textos judaizantes. Una vez condenado esperará con ansiedad su muerte, repasará los eventos que lo habrían marcado como hombre y, finalmente, concluirá que el acontecimiento para el cual fue llevado al mundo fue la escritura de su drama “Los enemigos”, con esta anagnórisis se encomendará a Dios en busca de su existencia, mejor dicho, Hladík supone que si Dios existe y él también lo hace, entonces pide a Dios que le brinde un año para poder trabajar su drama. Dios le concederá el tiempo pedido: “Lo mataría el plomo alemán, en la hora determinada, pero en su mente un año transcurría entre la orden y la ejecución de la orden”.

En este cuento es notable la “salida” mística que toma la narración; sin embargo, en la estructura simbólica del cuento se muestra el sustento de este Dios al que, pareciera, Hladík se encomienda con mucha suspicacia. Suspicacia que podría entenderse como el cambio de perspectiva, aquel momento (sin lugar) en que Hladík cambia del recelo de su existencia a la bienvenida a lo imposible, el momento de fe. Este momento de fe, de bienvenida a lo imposible es tomado por filósofos judíos como Derrida y Scholem en el marco de la tradición cabalística, Walter Benjamin también tendrá una concepción de ese imposible con la dialéctica en reposo. La dialéctica en reposo es ese no-lugar, pues es el momento en que las imágenes fundan una forma de ver el mundo, visión momentánea pero evocativa que desencadena otras evocaciones que no necesariamente siguen un orden racionalista. Visión momentánea porque antes de cimentarse se abre a otras posibilidades, a nuevas evocaciones. Bajo este precepto se podría entender la crítica al racionalismo por parte de Benjamin, crítica que podría identificarse en las acciones de Hladík; la crítica al racionalismo que hace Benjamin es en la narración borgiana, la escapatoria ante la muerte, el triunfo de la vida sobre la muerte o tal vez  el triunfo de la potencialidad de la vida.

Contenido del Sepher Yetzirah

En las concepciones mesiánicas de Walter Benjamin se tiene presente la naturaleza espiritual del lenguaje, el hombre es creador en el lenguaje, pues al darle nombre a las cosas les da vida. La tarea del traductor, por otro lado, será la de llevar el lenguaje humano al lenguaje de Dios. Como dice Gershom Scholem, el hombre que trabaja en los textos como la Torah debe tener sumo cuidado pues cualquier error en los signos puede destruir el universo. El lenguaje es creador y destructor del universo. Jaromir Hladík es presentado en la narración borgiana como un traductor del Sepher Yezirah, libro que trata de la creación del universo y en el que se “encuentran” los nombres de Dios, uno de los primeros libros del misticismo cabalístico. Este personaje entonces no es un simple escritor, no es un simple traductor judío; este personaje es un creador, su tarea es la de llevar el lenguaje de los hombres a un lenguaje más espiritual en el encuentro con Dios. Sin embargo, también leemos que es un hombre que no está orgulloso de sus trabajos, es un hombre que no se ve en ellos. Para Hladík su historia se centra en la creación del drama “Los enemigos” y es por ella que se encomienda a Dios. “Los enemigos” es un drama que consiste en la narración de Roemerstadt, él se da cuenta de que las cosas que ha creído sucedieron, no lo hicieron. Es un hombre que se enfrenta a la muerte y que a última hora se da cuenta de que en realidad él es parte de los delirios de otro hombre. Hladík ruega por ello, Hladík ruega a Dios como si él fuese el primer hombre que es parte de los delirios de Dios.  “Los enemigos” puede ser otra forma de ver la vida de Hladík, pues a inicios del cuento, Borges nos relata un sueño de Hladík en que éste se encuentra en un juego de ajedrez disputado por dos familias, disputado desde tiempo inmemorables. El ajedrez que simboliza el juego maquiavélico y la suposición de movimientos del contrincante, tal vez los delirios del que juega. Dios está presente en el sueño de Hladík y de su drama final. Podemos entender entonces que la historia del personaje de “Los enemigos” es la historia de Hladík y la historia de Hladík es la historia de todos los hombres. La Cábala judía explica que un hombre al final de sus días ha sido todos los hombres. Esto lo podemos entender por la importancia de la tradición, por la evocación que se señala en el carácter oral de la tradición en el texto “El narrador” de Benjamin.

La importancia de la tradición que señala Benjamin en su texto está en el lenguaje. El lenguaje es la fuente evocativa, la oralidad (narración) del lenguaje del hombre puede representar asimismo la crítica al racionalismo (la escritura). El que a Hladík se le haya concedido un año para trabajar su texto no supone que debamos tomar el hecho literalmente, sino que podríamos entenderlo como la potencialidad del lenguaje, como la facultad del hombre como creador de mundos, como la importancia de la oralidad, la memoria y la tradición. El que Hladík trabaje un año en su texto y muera fusilado apenas lo termina puede entenderse como la acción misma de la dialéctica en reposo, como aquel momento (sin lugar) en que se le da bienvenida a lo imposible. El acto de fe entonces no consiste en Dios mismo, sino en la mística del lenguaje.

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El privilegio de que disfrutan por lo que hace a la información y a la posibilidad de tomar posición les permite enunciar sus opiniones como si fueran la objetividad misma. Pero se trata exclusivamente de la objetividad del espíritu que domina en el momento. Los críticos ayudan también a tejer el velo. (Adorno, 217).

Escuela de Frankfurt

Theodor Adorno calificaba a los críticos culturales como sujetos que se erigían un lugar elevado desde el cual podían dar juicios “objetivos”. La crítica literaria se erige entonces como el lugar desde donde el cual un sujeto da opiniones objetivas sobre los textos, supone pues que el crítico está más allá de la cultura y cualquier tipo de contextualización. En ese sentido, cualquier crítica que se la haga a “La tía Julia y el escribidor” o a “Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la consciencia” son críticas que no pretenden la apertura de la obra sino la delimitación de la misma. “La tía Julia y el escribidor” es una obra de Mario Vargas Llosa que se inscribe en la última etapa del Boom latinoamericano, movimiento literario que se caracterizaba por la exploración de nuevas técnicas narrativas y por el rompimiento con la literatura anterior. En el Perú, tenemos a MVLL y su separación de las lecturas canónicas como las novelas del siglo XIX y las características fundacionales que atribuye Doris Summer, este rompimiento se da como reflejo de los movimientos vanguardistas europeos y los movimientos filosóficos de ese tiempo que ya hablaban de aquello que Derrida llamará apertura. No quisiera minimizar ni simplificar a la filosofía de Derrida, diré nada más que con apertura Derrida habla de abrir el espacio de lo cerrado a nuevas formas imposibles, a cuestiones impensables desde la cerrazón (el cierre). La tía Julia y el escribidor en ese sentido funciona como novela representativa de su época, mejor dicho, su contextualización en forma y sustancia están relevantemente justificadas. Las formas y estructuras que maneja MVLL al usar técnicas como la división en capítulos, las múltiples voces que conforman cada una de las historias rescatadas de Pedro Camacho, este uso de técnicas se aleja de la novela fundacional del siglo XIX; por otro lado, la “historicidad” del relato es un elemento clásico en las novelas de MVLL. En esta novela se relata la historia de un joven que se enamora de su tía política, esta historia tiene su correlato en la vida del autor de la obra, si bien he entendido la crítica no solicita a este autor la veracidad necesaria al contar una historia que ha sucedido en gran manera más allá de la ficción.

Tenemos, por otro lado, al testimonio de Rigoberta Menchú como aquella obra que ha quedado subalternizada por la crítica, se le juzga por no tener un correlato veraz con la realidad, no se le concede la ficcionalidad en su relato. Quisiera analizar este aspecto para poder concluir con mi posición respecto a este “derecho a la ficcionalidad”. Este texto tiene dos tipos de lecturas la lectura social y la lectura literaria, parece un poco prescriptivo pero es algo que aclararé a continuación. La lecura social de una obra no se sostiene en la obra misma, mejor dicho, el texto es un elemento más de lo que se va a analizar, la dialéctica interna del texto no es tan relevante como lo es para la lectura literaria. Mejor dicho, la lectura social de un texto busca su correlato en la historia externa a él, tampoco me estoy refiriendo a que una lectura literaria no tiene contexto histórico ni valor histórico; me refiero a que en el texto se muestran de manera interna las dialécticas sociales, culturales y de producción, el texto tiene historia y se encuentra en ella, el ideario que se tiene al momento de leer la obra es lo que deriva en la crítica. En ese sentido, la contextualización no tiene que ver con la veracidad de los hechos ni del narrador, la verdad es un concepto que se crea en tanto un lector da nuevas interpretaciones a la obra, prácticamente como la consideración de “texto” de Roland Barthes en su artículo “De la Obra al texto”. Tenemos entonces que la lectura social de la obra es una lectura que sí se basa en la historia externa al texto, en términos marxistas consideran la obra como producto de propaganda ideológica (Lukacs). La lectura literaria por otro lado se centra en el carácter textual de la obra, mejor dicho, la veracidad de la obra está en el texto (como dije hace un momento con la mención a Barthes). Como muy bien señala Walter Benjamin: “Preguntar por la función que tiene la obra dentro de las condiciones literarias de producción de un tiempo es apuntar inmediatamente a la técnica literaria de las obras.”(121)

Pasamos entonces a que la obra literaria se centra en el texto y sus aporías internas, que responde a cierto ideario histórico y responde a sus condiciones de producción. En el testimonio de Rigoberta Menchú se habla sobre la tragedia de su pueblo y ella misma cuenta los acontecimientos que han sufrido con los años; sin embargo, la crítica literaria le ha denegado cierta valoración por falta de veracidad en sus palabras y yo me pregunto si es importante realmente para el lector literario conocer la veracidad de las obras. En la especialidad de Literatura en la PUCP, la “crítica” literaria se dirige ciegamente a ciertas formas de estudio y abandonan otros por “obsoletos”, Theodor Adorno comentando sobre la crítica cultural hegemónica decía que “aquel que glorifica el orden y la estructura, cualquier que sea su propio linaje, toma aquella fosilizada separación como arquetipo de lo eterno.”(213) En otras palabras, el crítico que busca siempre va a encontrar estructuras, aquel crítico que busca la subalternidad siempre la encontrará y como dice Spivak el subalterno no puede hablar, su voz no puede ser escuchada. Esta falta de “oído” a la voz es en realidad falta de ideario común entre el yo y el otro, por lo tanto, la verdad de la voz que se escucha está determinada por las condiciones bajo las cuales el sujeto lee el texto. Debemos entonces no buscar las condiciones de subalternidad que se dan fuera del texto, pues una vez que se termina de escribir se conforma como una obra completa y con la multiplicidad de lecturas se conforma como texto (en relación a las consideraciones de Roland Barthes). La lectura en busca de las condiciones de subalternidad debe darse de forma interna, descansando en la completud de la obra misma.

Rigoberta Menchú

Por todo lo dicho anteriormente, me parece que el análisis de la subalternidad que se enfoca en la valoración del testimonio de Rigoberta Menchú no es un tema que deba interesar a la crítica literaria, mejor dicho, la veracidad de sus palabras no debería ser de interés literario, pues bajo esos preceptos podríamos juzgar a Proust, Vargas Llosa, Borges, Sábato y no sólo a escritores canónicos y occidentales, también podríamos juzgar texto como las crónicas árabes sobre las cruzadas o tal vez la consideración de Rolena Adorno sobre la apertura del sujeto colonial y el estudio literario de textos coloniales.

Concluyo entonces que la crítica literaria, y la ideología subyacente a esta literariedad, es una visión del lector y sus condiciones de lectura. El análisis ideológico se podría hacer de casi cada expresión artística; sin embargo, no considero que deba hacerse aleatoriamente pues responde a la consideración lacaniana de sinthome, el texto literario entonces es un síntoma de su tiempo, no un molde de estudio ideológico. La obra literaria no es una sustancia sin forma que se presenta al lector para que éste aplique teorías filosóficas, sociales o culturales. El “análisis cultural” es tal vez la cerrazón de la crítica literaria.

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