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Archive for the ‘Creación’ Category

D y los otros

Soy el que sabe que no es menos vano

Que el vano observador que en el espejo

De silencio y cristal sigue el reflejo

O el cuerpo (da lo mismo) del hermano…

Soy el que pese a tan ilustres modos

De errar, no ha descifrado el laberinto

Singular y plural, arduo y distinto,

Del tiempo, que es de uno y de todos.

Soy el que es nadie, el que no fue una espada

En la guerra. Soy eco, olvido, nada

Hace poco he leído una antología donde se reúne a los “mejores” escritores contemporáneos. Debo decir que me sorprende la ausencia de algunos, la sobre-exposición de otros. Pero, más que todo, me sorprende la aparición de ese seudo cortazariano, que por motivos personales llamare D.

No es que odie (completamente) a este personaje sino que pertenece al enfermizo mundo de la literatura que nadie conoce, además de estar un poco sacado de la realidad. Intentaré explicar esto con más detenimiento, pero primero me parece oportuno hacer aclaraciones sobre mi relación, o como lo quiera llamar, con D

Estudiamos juntos en el bachillerato, luego cada uno entró a su respectiva facultad en la universidad; sin embargo, esto no fue problema para enterarnos de lo que ocurría en la vida del otro. Siempre sufrimos el terrible hecho de que nos comparaban por mi clasicismo y por su literatura cortazariana o borgiana, según la ocasión. No nos odiábamos, pero tampoco puedo decir que éramos grandes amigos. Sólo teníamos un amigo en común, Rojo, el cual jamás estuvo en nuestro nivel narrativo y poético, pero la verdad no nos importaban sus afanes literarios.

Rojo nos presentó en una conferencia sobre una obra literaria reciente, una de esas obritas que solo salen una vez, pero su autor asegura ser la primera de muchas otras. Un pasaje olvidable en la vida. Obviamente no fue tan olvidable. Rojo, entusiasmado por presentarnos, me habló de D los días previos al encuentro, me entrego algunos de sus poemas y, gracias a algunos amigos, pude conseguir algunos cuentos suyos. No es que me interesase mucho, la verdad nada, pero no quería desconocer (totalmente) al hombre al que, de cierta forma me estaba “enfrentando”.

El día de la presentación todo ocurrió normal, un saludo por acá, un saludo por allá, risas y felicitaciones, y la aparición de D en medio de todo esto. No puedo decir mi primera impresión, estaría mal juzgar a una persona tan de pronto, pero bah, me cayó muy mal desde el primer momento en que lo vi. Conversamos de varias cosas. Muchas de estas sin sentido, el tipo era muy parco, al menos conmigo y con todos los demás escritores de cierto nivel, con Rojo y sus amigos “normales” tenia una filantropía que lo hacía hasta agradable. Como dije no pudimos hablar mucho por su parquedad, se retiró. Dijo que tenía que hacer. Lo vi salir del lugar con una joven promesa de la literatura agarrado de la mano. Ese joven había escrito dos libros extraordinarios y lo perfilaban como el mejor narrador de la época, obviamente mucho mejor que D. A D le faltaban muchas cosas, pero no dejaba de ser bueno.

De D no supe nada durante buen tiempo, pero Rojo me contó sobre aquella joven promesa que vi salir de la conferencia y su muerte. Había sido encontrado en perfecto estado, excepto por la mutilación de su pene y testículos, que luego fueron encontrados dentro del ano del mismo. Los escritores siempre sufren asesinatos desastrosos, pensé. En su libro hablaba sobre la situación política del país, no era muy sorprendente pensar que alguna mafia lo hubiese mandado a matar.

Meses después edité el libro de un amigo mío, Gabo, y el de Rojo, que a pesar de mis consejos de una ultima revisión, decidió publicarlo en la editorial donde yo trabajaba. Unos meses después el libro de Gabo había recibido muy buenas críticas, incluso yo(a pesar del dilema ético de que sea amigo mío) le escribí un artículo en un periódico nacional. Gabo era lo mejor que había leído en buen tiempo, me sorprendía que me gustase algo que haya escrito un amigo. En fin, nunca pensé que la muerte lo alcanzaría tan deprisa, en realidad no lo alcanzó, le hicieron alcanzarla. Rojo y yo viajamos a fuera de la metrópolis para reconocer el cuerpo y llevarlo a su casa.

Gabo había sido asesinado horriblemente. Le habían destapado el cráneo en un círculo perfecto, retirado algunas partes del hemisferio derecho (que por cierto no se encontraron) y cortado el pene en trozos de tal forma que ocupasen el “nuevo” espacio que había en el cerebro. Luego, el cráneo, había sido tapado y cocido con cuerdas de guitarra. La escena era escalofriante, me creía en un cuento de Conan Doyle y yo quería jugar a Holmes. No tuve que hacer mucho ahí. Reconocer el cuerpo, hacer las diligencias, tramitar el poder para el retiro del cuerpo y otra vez estábamos en la cuidad velando a Gabo, o lo que quedaba de él.

Cuando volvimos de ese lugar, muy tristes por lo que le había pasado a Gabo, se supo o supimos que D había sacado una nueva novela. Muchos hablaron sobre ésta, que es la nueva voz de la literatura, decían algunos. Que es lo mejor de lo mejor, decían otros. Yo la encontré agradable y nada más. Rojo, fiel a su estilo, la amó de principio a fin y escribió buenas críticas en su diario.

Luego de un encuentro furtivo con D no pude mantener la hipocresía y le dije que me caía muy mal por su complejo de escritor fetichista, de escritor que sigue las reglas de la bohemia y que pertenece a ese circulo que mantiene los estereotipos con tal de que se les considere “escritores” (mejor escribidores). Mi única “justificación” fue el estrés que me había causado la muerte de Gabo, mi trabajo en la editorial y esa soberbia que llevaba pegada en la frente, el no muy querido, D. Fue un alivio no tener más esa aguja en mi mente que, a pedido de algunos amigos, había tenido que mantener escondida. La verdad me hubiese gustado saber que pensaba sobre todo eso, pero no dijo nada. Me miró y con cara de arrogante se fue con su nueva pareja, S, un escritor nuevo que al parecer era lo mejor en poesía conversacional en esos días.

En esos días llegó al país un afamado escritor europeo, como siempre Rojo me consiguió entradas y pudimos hablar personalmente con él. Me pareció una persona muy agradable, muy inteligente. Sin el carisma de Gabo, claro. Y felizmente sin la soberbia de D, que se aparecía de repente en la sala con S, su poeta conversador (me decía a mí mismo). Rojo emocionado por el encuentro de tan buenos escritores, en lo que seguro se juraba él, pidió vino, comida. Todo lo que haga de la reunión más amena y llevase a formar esos grupos literarios como en la antigüedad. Obviamente no me pareció muy buena la idea de Rojo, y al darme cuenta de la situación que éste propiciaba me levanté y sigilosamente me retiré mientras Rojo presentaba a D y S.

Los saludos, el vino, todo propiciaba una escena que yo miraba desde afuera del salón. Entré al baño. Salí al pensar que ya estarían notando mi ausencia. Entrando al salón donde se encontraban los “escribidores” pude presenciar lo que a continuación detallare: D y S desnudos se besaban en el centro de un círculo demarcado por velas y cuchillos (obviamente se habían olvidado de mí en el lapso de tiempo en que desaparecí). El afamado escritor se desvestía y se sentaba con una mascara a lado de Rojo que yacía dormido en un sofá a lado de la chimenea. Ya había escuchado de ciertos rituales, pero jamás había presenciado uno (mucho menos presenciado uno sin invitación). Retrocedí lentamente para que no se percaten de mi presencia. Me escondí detrás de la puerta. La escena seguía: D penetraba a S, y éste no parecía percatarse del acto. Los dos jugaban con chuchillos que lucían muy afilados, cada uno se lo pasaba al otro por el pecho y el cuello mientras se daba la penetración. El afamado escritor leía algo de un libro grande que había cogido del suelo, con cada palabra parecía que un hoyo negro aparecería de pronto en medio del salón. El hoyo negro no aparecía; sin embargo, el escritor europeo miraba atento cada movimiento y llegó a situarse a lado del círculo, esta vez miraba con atención el reflejo de los cuerpos en el espejo que colgaba del techo mientras retomaba la lectura, esta vez pude escuchar claramente palabras en latín que, gracias al bloqueo post – traumático, no logró recordar.

Cada cierto tiempo retornaba la vista al espejo, lucía anonadado más por el espejo que por la escena en sí. D se levanto repentinamente y le susurro algunas palabras al afamado escritor. Éste se aproximo a S y lo penetro con violencia mientras cogía los cuchillos y se los clavaba en los brazos, luego en las manos. Ahora D tenía el libro en las manos y leía con vehemencia extractos que parecían venir de ultratumba. La música que había puesto Rojo para amenizar el momento, cambiaba sin que alguien se percatara de eso. D se puso una bata y salió de la sala. S se desangraba mientras el afamado escritor le cortaba los genitales y   después de morderlos y absorber la mayor cantidad de sangre los insertaba en el ano de S. S con los ojos cerrados moría lentamente en el centro del circulo de velas. El escritor europeo se miraba en el espejo del techo y parecía drogarse con el reflejo de la escena. D entraba al salón con un líquido verde, humeante, y se lo daba a Rojo, que parecía levantarse un poco adormecido. Éste tomó el líquido y se dejó caer nuevamente al sofá que estaba al lado de la chimenea. D se acerco lentamente al afamado escritor y lo abrigó con una bata, ni siquiera se preocuparon en desaparecer los restos de S o siquiera limpiar sus huellas. Tan solo se sentaron al lado de la consola música y bebían el líquido verde y humeante que antes habían dado a Rojo.

 No sabia bien que hacer, como explicar lo que había visto, como explicar lo que apenas yo estaba entendiendo. Ellos habían matado a Gabo, muy probablemente, ellos también habían matado a aquel joven que había salido con D el día de la conferencia. Retrocedí lentamente como para silenciar los pocos pasos que me llevaban al baño. Había visto ahí una ventana por la cual podría salir hacia el patio, encender mi auto y escapar. Lo hice, al parecer nadie se dio cuenta de mi presencia, tampoco de mi ausencia. El único recuerdo vivo que tenia en esa casa era Rojo que al menos estaba vivo e inconciente durante toda la escena. Llegue casi por suerte a mi departamento. Me alegraba de cierta forma estar ahí, pero también me preocupaba el saber si se habían dado cuenta o no de mi huida (que por cierto no fue muy silenciosa en el momento de encender y darle marcha al auto). Apoye el piano a la puerta y sobre él me quede dormido.

Desperté a la tarde siguiente, sólo recuerdo el golpe al caer al suelo, quede lastimado y de perfil viendo como la policía entraba a mi apartamento por el pequeño espacio que habían logrado crear al empujar el piano. Durante algunos minutos anduve atontado por los recuerdos y el hecho de que la policía ingresase en mi apartamento como si fuese algún criminal, logré recuperar la conciencia y el dominio total de mis partes cuando comenzaron a explicarme lo que había sucedido. Logré convencerme y fui con los agentes a la comisaría, cuando llegué, me hicieron una serie de preguntas que penetraban en lo mas hondo de mi memoria, como si supiesen que yo había presenciado ese especie de ritual el día anterior, con miedo e inseguridad les conté todo lo que había logrado ver, como había quedado petrificado con la escena y mi gran preocupación por Rojo, del cual aun no tenia noticia. Me dejaron hablar todo lo necesario, no hicieron hincapié en ningún punto de mi relato y solo se limitaron a escucharlo y grabarlo debidamente como prueba. Me dejaron desahogarme libremente para después explicarme la razón de mi presencia ahí. Yo me encontraba en una oficina en la sección de homicidios, me pidieron acompañar a un agente y así lo hice, lo que vi y oí destruyeron mi status quo: Rojo, dentro de la celda, miraba a la nada con los ojos fuera de sus orbitas y de un color verdusco que jamás había visto. Él los mató fue lo único que me dijo el policía en ese momento, luego me regreso a la oficina en la que antes me había descargado.

Rojo murió unos momentos después de un colapso nervioso.

Ahora solo puedo encontrar cierto tipo de ironía en el hecho de que esta recopilación de escritores de la que hable al principio, tenga sólo a los escritores que están unidos por el ritual y la muerte.

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