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Archive for the ‘Si se le puede llamar política’ Category

En los últimos días nos hemos encontrado frente a declaraciones fuertes, entrevistas amorosas y censura en los medios de comunicación y todo para dejar muy mal a Ollanta Humala; sin embargo, hoy yo le digo sí a Ollanta. Un sí totalmente afirmativo y no con esperanza de que mantendrá la democracia, sino con la confianza de que hará todo lo que sea posible para mejorar las relaciones de este país consigo mismo: me parece que en Ollanta Humala no hemos encontrado el caudillo al que se refería Flores Galindo, pero sí la formación de una fidelidad al sujeto. Esta fidelidad a la que me refiero no es a ningún proyecto de peruanidad étnica ni de unión latinoamericana, tampoco es fidelidad al velasquismo ni chavismo; es fidelidad en tanto reconoce la importancia de ciertos acontecimientos en la formación de la peruanidad, en tanto reconoce un pasado colonial de oro que nunca existió como Perú, etc.

El primer acontecimiento sería la guerra con Chile y la reconstrucción de la peruanidad. Luego de perder la guerra, el Perú tuvo que restaurar no sólo Miraflores y la Biblioteca Nacional, sino también la peruanidad y el mejor ejemplo de este proyecto es Ricardo Palma y sus Tradiciones peruanas. Estos textos se han inscrito en la corriente literaria del costumbrismo; sin embargo, es válido preguntar si estas costumbres que nos relata Palma son verdaderamente tales.  Guillermo Nugent define este proceso de construcción de la peruanidad como la búsqueda de la arcadia colonial, un pasado que nunca existió como tal, pero al que nos podemos remitir en busca de orden y esperanza con la frase de “Todo pasado fue mejor”. En las lecturas a los textos de Ricardo Palma encontramos la formación del ideario peruano bajo la mirada del limeño letrado, bajo las interpretaciones del individuo de post guerra que trataba de fundar un sujeto peruano de tal forma que no se repita la desunión y la derrota de otra guerra.

Por otro lado, según el texto de Alberto Flores Galindo, La tradición autoritaria, el régimen de Velasco es más importante de lo que se quiere creer en la consideración contemporánea de peruanidad, más precisamente, Velasco le da existencia al gran otro que se había ignorado desde inicios de la colonia; las reformas como el derecho a voto desestabilizaron la estructura social que se había conformado durante varios siglos entorno a pequeños grupos oligárquicos. En ese sentido, el velasquismo fue el segundo acontecimiento en el que se hace presente la alteridad, en el que se hace presente la diferenciación, la exclusión y la fantasía de la arcadia colonial bajo las cuales había formado el ideal de peruano. Tenemos entonces que el primer acontecimiento de ruptura de los órdenes establecidos en el que se muestra el vacío de esta simbolización es la guerra con Chile y el nacimiento de la arcadia colonial, el segundo es el régimen de Velasco y la aparición de la alteridad que siempre había estado latente, pero nunca había sido escuchada pues su voz no resonaba en los oídos  peruanos, pues su existencia había sido denigrada a la del animal-humano y había perdido su capacidad de individuo.

Por último, el tercer acontecimiento es la lucha armada de los 80’s y 90’s. Acontecimiento que trajo a la luz los problemas básicos de esta nación como desigualdad, racismo, etc. Repasar los sucesos de esos años es infructuoso en este momento, sólo hay que salir a la calle y encontrarse con la memoria de aquellos que sufrieron y siguen sufriendo por esos años, sólo hay que entrar al Facebook o Twitter para saber que algo está pasando de nuevo y hay que prestar atención.

Ollanta Humala es para mí el mejor candidato por el reconomiento de estos acontecimientos, porque es claro que su proyecto de gobierno no es sólo la estabilidad y mejora económica, sino también es el inicio de la reconciliación mediante la fidelidad a esos acontecimientos que no nos hacen lo que quisimos ser, pero sí lo que somos. Acontecimientos que han sido olvidados en busca de tranquilidad y estabilidad, pues la ruptura exige cambios, pues el acontecimiento no es el suceso de acciones que marcan de manera perenne la existencia de los sujetos, más bien se encuentra como la huella de una herida a la cual hay que revisar constantemente para que no se infecte y cure bien, para que todos los músculos y tejidos se unan y se vuelvan un sujeto fuerte. Ollanta Humala, me parece, representa la fidelidad al proyecto de igualdad, ésta no sólo económica o social sino también de representatividad y de existencia, igualdad que comprende el derecho a no pertenecer (como las tribus selváticas) y el derecho a hacerlo; me parece que representa el proyecto de unir a los peruanos más allá de su lengua o lugar de nacimiento, más allá de sus culturas y economías. Y es en tanto ese proyecto que encuentro en Ollanta que le doy el Sí, un proyecto que probablemente tendrá problemas por el desconocimiento del camino a seguir;  en ese sentido es nuestra tarea la de construir el camino certero a la reconciliación, la frase más repetida para los dos candidatos es que hay que ser críticos en sus gobiernos, pues yo digo que seámoslo siempre, no sólo respecto a los gobernantes sino también respecto a nosotros mismo y nuestras acciones, porque un buen proyecto de gobierno no es válido sino tiene el apoyo de sus ciudadanos, no es afirmativo sino cuenta con la performance y representatividad de todos y cada uno de nosotros. Porque si queremos unirnos como sujetos y dejar de ver al otro como el animal-humano es hora de performar en aquello que los acontecimientos nos han dejado, es hora de crear la nación entre todos y no sólo entre el presidente y su consejo de ministros.

P.D.  Vale aclarar que este post está influenciado por las conversaciones con Esteban Palma, por Raúl Zegarra y su último post sagradaanarquia.wordpress.com/, asi como por la nota en Facebook de Juan Carlos Ubilluz sobre el sí a Ollanta.

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Acabo de leer un artículo de Albeto Flores Galindo titulado “La tradición autoritaria: Violencia y democracia en el Perú” y definitivamente se ha convertido en mi artículo favorito en los últimos meses. Es, como el título lo presume, un análisis sobre la tradición democrática en el país y su relación con la violencia, a pesar del gran contenido me causó mucho interés la imagen del caudillo mesiánico, según el autor, éste es la esperanza de la reestructuración social en busca de progreso.  “…la figura de un líder mesiánico parecía ser la única fuerza capaz de trascender los conflictos inmediatos e integrar al cuerpo social.”

Ahora, el texto se ubica en el año 1986 y presenta como un análisis que no sólo debe funcionar como tal sino que también debe producir conclusiones hasta cierto sentido prácticas, sinceramente, para mí es un gran texto pre-fujimorista que ya podía vislumbrar lo que se venía. Es que, sin hacer mucho esfuerzo, al recordar cómo se presenta Alberto Fujimori en las elecciones de los 90’s nos damos cuenta que trata de representar al mesías al que se refiere Flores Galindo en su texto. Fujimori trata de presentarse como aquel con quien se solucionarán los problemas sociales, causas y efectos. Y en efecto, al ganar las elecciones se comporta como tal, como aquel que soluciona los problemas y acaba con el terrorismo; sin embargo, en su confirmación del mesianismo el pueblo pierde el derecho a la memoria, al conocimiento del precio que se debió pagar para alcanzar esa “estabilidad”. En ese sentido, me he dado cuenta de que Fujimori se presenta como el Harvey Dent de Batman: The Dark Knight.

Simplemente vale recordar la última escena de esa película (porque me estoy basando en la película) en que Batman decide que la imagen de Dent no se verá manchada por la de “Dos caras”, esto en la necesidad de darle un héroe a Ciudad Gótica, en la búsqueda de esperanza social. Recordemos mejor el papel de Harvey Dent en esa película, su personaje consiste en el verdadero mesías de la justicia, en aquel ser imparable que se enfrente directamente a la escoria que inmoviliza Ciudad Gótica. Una vez que se ha consolidado esta estructura mental al espectador, Dent es enfrentado con la misma escoria a la que quiere vencer y al perder a su novia, perderá también la idea de justicia que había consolidado, su nueva visión se basará en la eficacia natural de la suerte, es de esa manera que decidirá quien vive y quien muere: mediante el lanzamiento de una moneda, dejándoselo a la suerte, como si la vida del sujeto se definiera en el momento decisivo en que la moneda gira en el aire. A pesar de todo, Batman y el jefe Gordon deciden que ocultarán los asesinatos de Dent y los adjudicarán a Batman, concluirán que es mejor mantener la esperanza de un futuro mejor en una ciudad hecha pedazos que destituir del lugar mesiánico a Dent.

De verdad hay que hacer la analogía directa con Fujimori¿? El problema que no se plantea Batman es que la memoria siempre está presente, que el rol mesiánico es puramente temporal, pues la verdadera historia surgirá y es totalmente posible pensar ese escenario, simplemente hay que verlo representado por el retorno del Joker, aquel ser que representa la anarquía absoluta, la contradicción misma del sistema. Fujimoria se presenta como Dent, como el mesías que está destinado a resolver los problemas, aquel que viene de la clase media trabajadora y estudiante del Perú, aquel que siente el problema de no representar por no pertenecer a la mayoría racial, aquel que está fuera del orden político reinante, aquel que puede enfrentarse directamente a la escoria que azota la nación y no sólo eliminarla sino también solucionar los problemas que subyacen a esta escoria. Sin embargo, la memoria regresa, en su mandato no duró mucho la máscara mesiánica para los sectores educados y académicos, para los otros, ese pueblo silencioso y olvidado Fujimori siguió representando la imagen de Harvey Dent en Ciudad Gótica. La memoria se reencuentra con el discurso social en estos últimos meses, los delitos cometidos en el régimen de Alberto Fujimori están hoy más presentes que hacer quince o diez años, incluso están más presentes que en el momento en que periodistas y universitarios salían a las calles en voz de protesta frente a la dictadura fujimorista. Es claro el por qué, es porque Keiko representa la amenaza del olvido, representa la falsa promesa mesiánica. Promesa mesiánica se trató de identificar en PPK (porque realmente no sé cómo escribir su nombre), pero la contradicción fue demasiado latente, porque hay demasiada diferencia social como para valorar a un candidato en el que las masas no están identificadas, porque la diferencia no es sólo tal sino que es más bien diferancia (en el sentido derridadiano); PPK no es ahora el candidato que lidera las preferencias tal vez porque no es el héroe que el Perú necesita sino que el Perú merece (en el sentido de que hay gran valoración en cuanto a su curriculum, en el sentido de que si el Perú fuese sólo Miraflores, San Isidro y La Molina llevaría al Perú al crecimiento exponencial).

Fujimori no se presentó sólo como el salvador, se presentó como el mesías y no vino sólo sino que trajo con él la palabra o ley divina que materializó en la constitución del 92’, convocó a sus discípulos de diferentes partes del territorio para evangelizar según sus deseos y por último, profetizó su regreso y la continuidad de su iglesia. Tengamos cuidado pues con la profecía fujimorista, tengamos cuidado con el uso de la memoria en los diarios y programas de coyuntura electoral, porque no importa qué es lo que realmente querramos hacer, la memoria se encuentra latente, pero también esa promesa que pervive en la esperanza de los pobres, los olvidados que aún creen en su mesías representado en Keiko, aquellos que todavía prefieren ver a Dent y no a Dos Caras. Es necesario que la verdad salga a la luz, que toda la sociedad se enteré de Dos Caras y sus atrocidades de tal forma que se difumine totalmente la visión mesiánica de Fujimori, dejemos de pensar pues que porque nosotros sabemos de los crímenes cometidos en esa época o porque comúnmente se habla de corrupción fujimorista, todos saben de qué hablamos, todavía hay gente que no sabe y no es culpable del hecho. La ciudad letrada también se ha apropiado de la memoria, del derecho de olvidar y recordar lo que a ella  le parece apropiado, tal vez sea hora de desenmascararnos para poder superar este discurso mesiánico.

P.D. Si eres fanático de Batman, lo siento.

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El subalterno es un concepto de la teoría posmoderna que podemos encontrar en todo tipo de lecturas de la vida humana, es que la teoría contemporánea que se basa en la dicotomía hegemonía-subalterno, es una estructura que se sostiene a sí misma en un plano conceptual. Es prácticamente un significante vacío al cual podemos insertar todo tipo de sustancia de la vida misma. El teórico ve estructuras en todas partes, desde las expresiones coloquiales hasta la historia de la arquitectura. Acaso no recuerdan las clásicas bromas de películas americanas en que al ver un edificio, el falso intelectual menciona términos lacanianos como la forma fálica de las cosas. Es que es cierto que las estructuras están ahí en el mundo y en él se puede leer la verdadera forma social, pero hasta dónde alcanza esta dicotomía o es que sólo existe ella, cómo se conjugan las ciencias con esta lectura del mundo.

La teoría contemporánea está en boga desde hace muchos años; sin embargo, no es más que una reformulación de lo que ya Hegel había planteado con la dinámica de Amo/siervo. Hegel plantea que la existencia humana es una guerra, guerra en la cual sólo hay un vencedor y será aquel que se defina como Amo subyugando al otro como siervo. No es pues  la misma estructura la que se propone en la teoría contemporánea sólo que en ella no hay guerra sino imposición y naturalización del discurso hegemónico;  es básicamente una adaptación de la teoría hegeliana conjugada con la deconstrucción de las estructuras de Derrida. Para dejar en claro vale decir que mi postura es ésta: la lectura ideológica posmoderna no es inútil, no estoy negando su importancia en la visión contemporánea, busco problematizar la universalidad y sostenibilidad de esta teoría.

Como dije la teoría contemporánea propone una lectura ideológica de la realidad, en la que ésta es considerada como el synthome lacaniano y a partir de esta visión se “lee” la misma. Tenemos entonces discursos posmodernos en los que se desenmascaran las estructuras, en los cuales nos vemos enfrentados a la imposición de un cuerpo social sobre otro, nos encontramos con el “vacío” de nuestra propia existencia, aquella que niega la del otro para poder darse o tal vez la negación de nuestra existencia para la afirmación del Otro. Una vez que hemos sido desenmascarados y nuestros discursos han sido homogenizados con el del Otro nos encontramos ante el silencio de ese Otro del que tanto hablamos. Ese Otro no es más que un símbolo para nosotros, un símbolo que representa un significado que es dado por nuestra propia lectura del mundo. Jorge Marcone lo caracteriza bien al decir que en el enfrentamiento entre escritura y oralidad, la primera “brinda” la existencia a la segunda a partir de su utilización, la oralidad sólo es posible a partir de su “escritura”. El Otro sólo es posible a partir de una lectura a partir de la hegemonía.

Hemos avanzado a pasos agigantados en la teoría contemporánea y es que los detalles son sólo justificaciones para poder ideologizar el mundo; una vez que hemos develado los velos fantasmáticos (en honor al gurú contemporáneo Zizek) ¿Qué demonios debemos hacer? Ese es el problema de la teoría contemporánea, no hay una capacidad predictiva como en el modelo hegeliano original, tampoco a la manera marxista del siglo pasado. Considero que tiene una causa fundamental, el proyecto hegemónico no se sabotea a sí mismo, no va más allá del “reconocimiento” de su falta y deja al otro sostenido sobre el mismo punto que se encontraba antes: la omisión de su existencia. Para poder sostener esta afirmación lanzo unas preguntas: Una vez que has conocido la teoría del subalterno ¿Haz hecho algo para darle, aunque sea totalmente imposible, voz al Otro? Si no es posible que el subalterno tenga voz ¿Cómo conocer realmente su discurso?

Podrían afirmar que es una simplificación de la teoría, pero acaso la teoría no es un simplificación del mundo y la existencia del hombre y sus multiples potencialidades. La teoría del subalterno no va más allá de lo que ella sostiene y obvia la existencia metafísica del hombre, la importancia del lenguaje más allá de su utilidad, incluso no llega a considerar el devenir histórico.

Tal vez todavía no llega un teórico que sea capaz de ir más allá del afán descriptivo de la subalternidad, por lo pronto hay que saber hasta qué punto es defendible la posición e incluso estudiable. Un modelo que no pueda ir más allá del pasado no sirve de nada para la sociedad, la lectura subalterna de las elecciones en primera vuelta no sirve de nada para la realidad del país. Hoy puedo leer todo evento desde una postura teórica contemporánea y simplemente no dar más predicciones que lo totalmente teórico: que la hegemonía se impone a partir de la naturalización de su discurso, no importa qué postura sea. Esta forma de ver el mundo incluso puede entenderse como la discusión del estudio lingüístico en la que De Saussure pondrá un hito. Si recordamos, en el tiempo en que De Saussure dicta los cursos de Lingüística General,  el estudio lingüístico consistía en una visión sincrónica del lenguaje que no pronosticaba eventos lingüísticos sino su estancamiento en viejos ideales. De Saussure se opone a esta visión del lenguaje y propone una manera más diacrónica de estudiar el lenguaje, propone un estudio que se centra en la lengua. El mismo debate se encuentra ahora entre los linguístas presciptivos y los descriptivos. De Saussure es el primero de los interesados en estudiar el lenguaje con un visión descriptiva.

Viejos ideales que ya se han naturalizado sino cómo entender las expresiones en la actual situación electoral. Cómo entender la gran frase “Hoy no ganaron los ignorantes, ganaron los ingnorados” sin remitirnos a la dicotomía mencionada, frase que no predice sino prescribe, prescribe la situación social actual y su estabilidad en el futuro cercano. Por eso yo propongo una sacudida de esta teoría, ir más allá de las dicotomías de sujeto/Otro.  Tal vez ir más allá de lo que uno considera el Otro, tal vez reconociendo experiencias que van más allá de una lectura ideológica podremos entender al otro. No me refiero a una nueva estructuración de la sociedad, me refiero a una sacudida en la mirada del individuo sobre el mundo.

Como dijo un amigo mío la teoría del subalterno es un engaña muchacho, un push up que promete, pero no logra brindar lo que promete –si es que promete algo.

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Hace varios años cuando estudiaba francés en la Alianza Francesa de Miraflores conocí a una chica venezolana que llamaré Pepa – básicamente porque no recuerdo su nombre, no es que haya alguna identidad que proteger.

Cursábamos el primer ciclo de Intermedio y habíamos llevado el básico juntos asi que habíamos logrado cierta confianza para conversar. En una de nuestras conversaciones me preguntó sobre la opinión que tienen los peruanos sobre Chávez, a mis 16 años sólo pude reproducir las mismas expresiones despectivas que había escuchado una y otra vez en la televisión y la radio, a esto ella escucho pacientemente y luego preguntó qué opinaban los peruanos sin insultos. A esto no pude más que decir que había violado la libertad de expresión y me callé pues no sabía más del tema, con mucha calma ella me habló de lo bueno que había sido Chávez para Venezuela, del gran apoyo que tenía en su país y las mejoras sociales que había logrado en su mandato; también criticó la estatización de empresas, el régimen totalitario, etc.

De todo su speech no pude más que quedar consternado, primero pensé que estaba al lado de una venezolana chavista, pero pronto me di cuenta que tal vez no todos los países están preparados para el mismo modelo de gobierno, en Venezuela el modelo chavista ha funcionado hasta cierto punto y es sintomático que no haya revueltas ni protestas (claro que también se podría deber a miedo social, pero según Pepa es por comodidad), es totalmente sintomático que las noticias que llegan al Perú sobre Chávez sean discursos  maliciosos y estatizaciones, pero no la respuesta de Su pueblo, incluso si tomamos en cuenta el séquito chávista queda una gran sector en silencio. Quisiera saber si está silenciada de verdad.

En el Perú, la crítica a Chávez es fuerte y constante en casi todos los canales de televisión, estaciones de radio y periódicos (al menos limeños que es lo que conozco). Supongo que tras esta crítica a Chávez está el sentimiento de reconocer el “sufrir de un pueblo que clama libertad”, detrás de todo hay un sentir común con el venezolano común y corriente y por eso un peruano cualquiera levanta su voz de protesta. Estos mismos peruanos que en pie de lucha hacen una crítica masica al régimen venezolano, no sólo en los medios sino también en los ámbitos privados, en sus casas y grupos de amigos, estos peruanos ¿recuerdan a los que murieron hace diez o veinte año? ¿Albergan todavía el sentimiento de reconocer el dolor ajeno y la fuerza para criticar a quien causó tanto dolor en otro peruanos o fue sólo un pésame hipócrita y falso que se perdió cuando apagaron su televisor y se acomodaron en sus cómodas camas a seguir la vida de siempre?

Hay forma acaso de reconocer un dolor que no vivimos y no uno que hemos sentido día a día, porque si eso es posible, tal vez no deberíamos hacer críticas a candidatos presidenciales o recordarles continuamente hechos pasados. Los trapitos sucios siguen saliendo en el tema electoral, por lo tanto sí hay un reconocimiento pero no es certero, es vacío.

El dolor nacional que causaron los años de violencia se ha convertido en un significante vacío que pocos saben fundamentar, que al estar vacío se le puede llenar con cualquier porquería que diga un diario o un resentimiento privado. Este significante que es el dolor de los otros que no vemos se ha perdido. Lo peor de este escenario es que los otros que no vemos somos nosotros mismos y lo que hemos perdido ha sido el significante mayor que es la memoria del pueblo o, mejor dicho, su espíritu.

Tal vez debamos recordar ese pasado que creemos reconocer en el presente chavista y ver lo que realmente está sucediendo en nuestro país, creo que debemos recobrar la memoria pues no importa la edad para conocer la historia de un pueblo, simplemente importa entender qué está sucediendo y no solo heredar el significante vacío que se repite constantemente como si fuese un chiste que alguna vez tuvo un sentido. El dolor de nuestros hermanos peruanos van más allá de lo que nos contaron nuestros padres o hermanos, va más allá de lo que dice la Comisión de la verdad en su informe final, la historia está allá afuera sucediendo sólo hay que saber mirar más allá de uno como individuo, hay que mirar como si uno realmente perteneciera a  un pueblo. Hace veinte años ya tuvimos un régimen fujimorista, sabemos que no fue bueno. No fallemos esta vez, porque a diferencia de Venezuela en Lima durante la década de los 90’s sí hubo protestas, sí hubo represión pública y asesinatos al paso.

Y bajo estos preceptos es que no creo en un voto por Keiko, ahora mismo está sucediendo la merma a la libertad de expresión, ella no sólo se ve violada cuando cierran un diario o encarcelan a un periodista, también se da cuando uno de estos es callado o cuando es “separado por discrepancias con la estructura del periódico”. No voto por Keiko por la memoria de los peruanos que sufrimos los años de violencia, los cuales aún llevamos a cuestas pues no hemos sabido reconocerlos para poder reconciliarnos con ellos; no digo que Ollanta sea la solución ya llegará el momento en que hable sobre él, sólo creo que la candidatura de Keiko es un insulto a nuestra memoria como pueblo.

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Quién es el verdadero peruano? Es una pregunta irreprochable en este ambiente electoral, si de verdad somos peruanos nos podemos identificar de esa forma tanto rubios, castaños, negros y blancos; sin embargo, hay una definición de peruano que va más allá de la materialidad, no se me mal entienda, no es que esté fuera del cuerpo sino que la peruanidad se ve en el cuerpo como una instancia metafísica o ideal.

Si el peruano se definiese por lo físico podríamos decir que al conjugarse en él la multiplicidad de vertientes, el peruano es aquel sujeto mestizo físico y cultural (no es válido ser mestizo sin cultura). De esta forma tenemos que los peruanos como tales se definen como: sujetos que han heredado más de una raza y cultura, y que han logrado hacer un sincretismo cultural, valga la pena decir que esto se sostiene en los cánones posmodernos de cultura y raza. Tenemos como grandes ejemplos a personas como Ollanta Humala y Alejandro Toledo. De estos dos el primero es el que más se acerca al concepto de peruanidad por ser de nacimiento peruano, de raza “indefinida” o mestiza, de origen humilde, militar y defensor de la soberanía peruana. ¿Acaso eso no es ser peruano? Por otro lado tenemos a Alejandro Toledo, provinciano, de origen humilde que con suerte y esfuerzo logró estudiar en universidades de prestigio y volver al Perú para trabajar en él. ¿Acaso eso no es ser peruano? Ninguno de los dos representa la verdadera peruanidad porque en qué sentido puede representar Ollanta Humala a Dionisio Romero o los hermanos Wong si sus estrategias económicas van más allá de mantener la estabilidad económica, sus postulados proponen un cambio radical en todas las esferas de la sociedad, básicamente, lo que plantea Ollanta en pocas palabras es el “borrón y cuenta nueva”.

La memoria debe ser destruida es lo que propone Ollanta Humala, debemos separarnos de los regímenes anteriores para poder alcanzar los mayores estatus de desarrollo, si bien su política frente a las recomendaciones de la CVR ha sido la de implantarlas a su plan de gobierno, no hay en su discurso del día a día una real mención a estos casos, mejor dicho, su plan es el de reconocer el “error original” y seguir adelante, no se ha llegado a preguntar el porqué de este error. Los deudos del terrorismo no sólo quieren ver encarcelados a los culpables, quieren saber el porqué, no el por qué los mataron sino por qué mataron. Los deudos se han vuelto una fuerza irremediable en contra del sabotaje de la memoria, en contra de olvidar el comienzo de todo. Porque el terrorismo y su final fueron el comienzo de todo, la nueva constitución planteó una nueva forma de legislar y entender la visión cívica, también influyó en la educación y más importante, influyó en la forma de ver el mundo. Hoy en día reto a preguntarle a un joven de 20 años qué fue lo que desencadenó el terrorismo y no sabe más que de herencia colonial, la peor pseudo referencia a las teorías post colonialistas. Los campesinos que se encuentran alejados de la ciudad todavía no han encontrado respuesta a las acciones contra ellos, a ellos también se les niega la memoria: se les dice qué sucedió, no por qué.

Un personaje que niega la memoria social no puede representar al espíritu de un pueblo, el pueblo surge de una comunidad y en él influye, particularmente, la historia. La historia de un pueblo lo es todo y es ahí donde se encuentra su espíritu; por qué el mundo se escandalizó con la quema de la biblioteca de Alejandría en el mundo antiguo o el saqueo de los museos egipcios en la última rebelión de su pueblo, por qué hacemos un pedido internacional a la Universidad de Yale para la devolución de piezas históricas que todavía no han sido integradas (recuérdese el pasado colonial).

Volviendo al sentido de peruanidad, si ser peruano fuese más que representar físicamente el espíritu de un pueblo y simplemente ser parte de la cultura tampoco podríamos definir concretamente qué es ser peruano. En el primer caso, grandes ejemplos son Keiko Fujimori y PPK, los dos son de aspecto no-mestizo, pero se llaman a sí mismos representantes de la cultura peruana, los dos se nombran como líderes y por sobre todo peruanos.

De Fujimori no hay mucho que decir, ya todos hemos visto su crecimiento en televisión. Hemos estado presentes en el momento en que trabajaba para el Perú y cuando tomó el liderazgo del partido fujimorista. Esta acción es la que le trajo los problemas políticos que ahora carga, si hubiese reconocido los hechos de corrupción que tuvo el gobierno de su padre otra sería la historia en las actuales votaciones, pero no lo hizo. Ella también niega la memoria de los peruanos, el origen del pueblo actual. Ella niega el abuso de poder, los asesinatos al paso, los robos millonarios y la merma a la libertad de expresión. En su discurso se encuentra plasmado la negación de los hechos, ella no sólo niega el abuso sino que niega que hayan sucedido, su negación va más allá del simple suceso pues separa significado de significante y los redefine a su gusto. Como ya se dijo, en qué definición de peruanidad cabe la idea de la negación de la historia. Nietzsche habla de los pecados de los cuatro errores fundamentales del hombre, uno de ellos es el arrepentimiento pues la negación de los sucesos del hombre es la negación de la historia del hombre y por lo tanto la negación del estado actual. Del mismo modo, el arrepentimiento y más aún la negación de ciertos sucesos en la historia de la peruanidad la niegan completamente y hacen que se derrumbe el sistema en el que se ha definido. Keiko no sólo defiende una época del terror, también defiende la negación de la peruanidad.

Tenemos entonces los dos casos de una posible definición de lo que es ser peruano, estos ejemplos buscan fundamentar la lógica de la identificación en los líderes de hoy, si estos dos personajes tratados están encabezando las planchas presidenciales es porque hay algo de ellos que llega a los peruanos, ese algo que todavía no hemos sabido identificar otros que no vemos en ellos una esperanza.

¿Qué es, realmente ser peruano? Ser peruano debería ser reconocer a todos los hombres en mí, no a la sociedad. Según Lacan hay una imposibilidad del otro pues no está totalmente “domesticado” y es que Lacan ve en lo místico una imposibilidad de comunicación en vez de la conflagración de los sujetos. En otras palabras, si el sujeto se define en oposición al otro, pues no hay una real identificación con éste ¿por qué cuando sucede un acto de injusticia el individuo levanta su voz de protesta? Eso que no se comprende por medio del lenguaje de los símbolos es un goce místico y me parece  es la respuesta a esa pregunta. Volvemos a la premisa básica entonces, que ser peruano no se reduce a la simple materialidad del sujeto, tampoco en la igualdad cultural, mucho menos en la identificación ideológica. La peruanidad se encuentra en esa parte no simbolizada, en ese no entender que tenemos todos pero que nos llena de energía para hacerle frente al abuso, ser peruano está ahí porque más allá de eso sólo somos individuos egoístas y mezquinos.

Tal vez no sea fácil comprender una instancia metafísica y no simbolizable, no reductible para la peruanidad, pero tal vez sea lo mejor pues esto nos permite la opción a la potencialidad, nos permite reconocer en el “gringo” a un peruano, en la “japonesa” a una peruana. Tengamos en cuenta la historia para experimentar el ser peruano, la historia no sólo es el recuento de sucesos,la historia es el espíritu de un pueblo y en ella deviene eso no simbolizado.

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Las elecciones del fin de semana pasado han dejado una huella en Lima. Sí, en Lima, porque son sus habitantes los que se sienten amenazados, los que creen que serán sacados de sus agradables comodidades citadinas y esto tiene una causa clara: el limeño ppkausa que ya planea sabotear la segunda vuelta electora no sabe de relaciones intersubjetivas.

Relaciones intersubjetivas significa ir más allá de la simple relación con otro individuo, significa relacionarse a un nivel más espiritual que objetivo. Espiritual porque es en el espíritu del otro donde se identifica uno mismo. Ferdinand de Saussure al momento de definir el signo linguístico habla de como éste performa como tal en un sistema de signos finitos (como un abecedario o un estado), a partir de la cualidad negativa en la que signo sólo se define como tal a partir de diferenciarse de otro. Que el hombre es un signo lo sabemos hace mucho y para eso hay cientos de ensayos y libros enteros, autores dedicados como Levinas, Lacan o Benjamin. La tesis central es que el hombre es un ser linguistico, se forma como un símbolo. Este símbolo, sin embargo, no es como la estructura de De Saussure, este signo opone resistencia al momento de querer identificarse en sí mismo, como si la introspección nos diese alguna verdadera relación del mundo, lo único que podemos lograr en la introspección es que somos sujetos dañados, que está totalmente segmentado y no logra, realmente, convertirse es Uno que busca. El psicoanálisis es en esa materia la mejor forma de comprender esta segmentación, la aparición del inconsciente nos da suficientes luces sobre el tema.

Si volvemos al tema original, este sujeto que ahora encontramos en el sistema de signos llamado Lima ofrece resistencia a sus nuevas significaciones, mejor dicho, ofrece resistencia a los posibles estados que traerá un gobierno como el de Humala o Keiko. Este sujeto/símbolo ha abandonado hace mucho tiempo su relación con el mundo más allá de su propio yo, la modernidad fue el comienzo de esta dicotomía pueblo/individuo con la aceleración de procesos, con el abandono de las relaciones místicas de la Edad Media, particularmente fue la Ilustración la que trajo el academicismo, el ensimismamiento y demás.

Es hora de buscar esa relación nuevamente, no porque ahora nos vemos amenazados por el Sida y el Cáncer (como algunos han tenido la “destreza” de llamar) sino porque es parte de nuestra humanidad hacerlo. Porque  la resistencia al yo-social está basado en el miedo del yo-individual. Debemos ir más allá de nosotros, mejor dicho, expandir nuestro yo para que se dé en cada uno de nosotros la compasión, la rebeldía y la razón. Cada individuo, cada uno de nosostros somos signos llenos de significantes y significados por qué no integrarlo al sistema finito en el que existimos, tal vez de esa manera podamos luchar realmente contra el miedo y la desesperación de forma adecuada.

Es momento de expandir nuestro yo en el proceso histórico en el que existimos, recordemos que somos parte de la historia, hagámosla responsablemente y siendo coherente con uno mismo y con el espíritu del pueblo, porque ese espíritu no se encuentra en la estructura de las casas, la comodidad de tu cama o la comida que comes. Tampoco se encuentra en las palabras que usas o los acentos que cotidianizas, mucho menos en el apellido o las tendencias políticas, filosóficas o científicas. El espíritu de los peruano se encuentra en las acciones con el otro, en la manera de relacionarse entre individuos y entre pueblos. Estar orgulloso de ser peruano deber ser ir más allá de saber que uno es todas las sangres, es poder representar cada una de ellas a toda hora, en todo lugar y en cada individuo.

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El día de elecciones es un día fuerte, lleno de debates y contradichos. Ése es el espíritu de la democracia, un acontecimiento de igualdad de opiniones, de simultaneidad de propuestas; muchos reniegan de otras opiniones, otros incluso llegan a los insultos y calificativos ofensivos ¿Bajo qué supuesto, creen que esto es democrático? Si yo declaro que el régimen por el que he votado es mi decisión debería respetarse por la igualdad del individuo que todos valoramos y constantemente repetimos cuando nos quieren quitar algo. Ahora es el momento de reconocer en el otro ese derecho, el derecho de emitir su opinión sin ser juzgado, sea o no una opinión crítica o sopesada es la opinión de un individuo que – si se cree en la democracia – debe respetarse.

La democracia no es una institución estructurada, es una sustancia que se debe tratar suavemente y con mucho cuidado de no ir más allá de sus márgenes, esos márgenes imaginarios que reconocemos en otros países o apenas nuestra voz no es tomada en cuenta. Porque la democracia consiste en ir más allá de la individualidad, es reconocerte en el otro como ser hablante, es reconocer que hay algo que va más allá de nuestra existencia que no hemos logrado integrar con la vida cerrada que mantenemos día a día. Porque la elección no es sólo el mejoramiento de ciertos sectores, la elección busca que todos los habitantes se sientan incluidos en el destino de su sociedad.

Si te consideras democrático, saluda al que no votó por tu candidato, reflexionen juntos sobre el bienestar mutuo y no hagas más guerra en una precaria estabilidad social. Busca mantener el orden y los valores cívicos, no pretendas que mediante insultos puedas hacer que otros piensen como tú, pues esas acciones sólo abrirán una brecha insondable entre tú y la democracia, entre tú y lo que necesitamos como país.

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