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Posts Tagged ‘Giorgio Agamben’

En esta semana que termina se celebró en Lima uno de los eventos más importantes respecto a cinematografía, el XVI Festival de Cine de Lima. Con motivo de este festival se presentaron las dos últimas películas de Woody Allen “You will meet a tall dark stranger” (2010) y “Midnight in Paris” (2011). Ambas películas se sitúan en Europa y discuten las ya clásicas historias humorísticas del director neoyorkino.  Vale decir que, junto con “Whatever Works” (2009), significan el regreso de Allen a la técnica teatral que había impreso en sus memorables películas en Nueva York. Estas tres películas, en realidad, parecen significar la búsqueda de Allen por una nueva ciudad, como si NYC ya no fuese suficiente, pero a la vez marcase todavía el paradigma del director.

Whatever Works: Cuenta la historia de Boris Yellnikoff y el desarraigo del mundo. Las historias que se muestran se dirigen a un drama existencial sobre el vacío de la realidad humana. La película, sin proponérselo, discute lo que George Steiner llamó “Nostalgia del Absoluto”. El quiebre de la realidad humana cuando la religión se vuelve imposición rutinaria e infundada, cuando el hombre ignora el sentido de la existencia. La película discute el vacío de la existencia humana, la irrelevancia del intelectualismo para entender el vacío y el desconocimiento de la finitud como solución a todo problema de la humanidad. El film parece gritar que cierto grado de desconocimiento es importante para desaparecer los dramas existenciales. Este desconocimiento también puede entenderse como Amor y el dejarse abordar completamente por lo embargador de este sentimiento, por la pérdida de consciencia que provoca estar enamorado y vivir un poco más en la fantasía. Asi que finalmente, la película trata del ya clásico enfrentamiento entre Apolo y Dionisio.

Enfrentamiento que se sitúa en Nueva York, una ciudad harto conocida por la presencia de judíos, de soñadores, de artistas y los exabruptos que aparecen en cada combinación de las miles de identidades que se esconden en las calles norteamericanas. NYC también representa la ciudad del arte y destino fiel de todo soñador artista que no pretenda ser famoso en Hollywood. NYC en ese sentido es el escenario perfecto para esta comedia existencial  en la que el único que sigue sufriendo es aquel que se da cuenta de “lo real” (no me refiero aquí al término lacaniano) fuera del orden simbólico.

You Will Meet a Tall Dark Stranger: Película ubicada en Londres y que cuenta diferentes historias que llevan dos sellos complementarios: la finitud de la existencia y los beneficios de la fantasía. En esta película se discuten los mismos temas que en la anterior, pero con diferentes toques respecto al intelectualismo. Londres no es la ciudad para un artista migrante, es en realidad la capital de la facción analítica de Europa en la que la concepción del amor sólo puede ser representada por aquellos que ya no se encuentran  dentro de esta tradición. Las historias que componen esta película representan a soñadores que quieren cambiar su vida, pero quieren cambiarla a ningún precio. Mejor dicho, quieren cumplir con todos sus anhelos sin arriesgar quienes son. En ese contexto, el único personaje que triunfa es aquel que se ha entregado totalmente a la fantasía, que ha comenzado a creer realmente en aquello que está más allá de la fría realidad londinense.

En esta película, vivir en la fantasía es la única forma de vivir sin ser atropellados por el sentimiento de que la muerte acecha a cada instante. Es memorable en ese sentido uno de las primeras intervenciones de la voz en off que cita a Shakespeare con “la vida estaba llena de ruido y furia, y al final no significaba nada”. El velo de la fantasía (como diría Zizek) es lo que le da motor a ese vacío que se llama existencia humana.

Midnight in Paris: En esta película es definitivo el triunfo de Dionisio sobre Apolo, el triunfo del dejarse vivir y llevar por la corriente, el triunfo del descontrol de la noche frente a la aniquiladora razón del día. La historia del escritor americano que recuerda la época de los años 20 en París y que finalmente se da cuenta que uno siempre está escapando de su tiempo hacia el pasado. El papel que encarna Owen Wilson es del hombre que ha descubierto que el hombre nunca ha vivido en su tiempo pues siempre está en contacto con la majestuosidad de la huella del pasado en cada cosa que ve, toca y siente. El hombre del mundo contemporáneo que sueña con la originalidad sin llegar a intelectualismos ni discusiones sombrías sobre planos ontológicos en el arte. Si algo debemos entender de esta película es que la resistencia a la fantasía es sólo la perdición de la especie, que la fantasía es parte fundamental del hombre (aquello que Walter Benjamin llamaría “la facultad mimética”).

La fantasía que en París se siente como “the right thing to do” y que me parece da muestra de aquello de lo que hablaba al comienzo, Woody Allen está en búsqueda de una nueva ciudad donde acentarse o tal vez en búsqueda de la exploración de nuevas ciudades. Sobre todo creo que NYC ya no le basta para este tipo de dilemas humanos; sin embargo, vale resaltar que su concepción de estas ciudades europeas no es tampoco la de su propia identidad. En realidad Londres y Paris se parecen tanto a NYC que uno se pregunta dónde han filmado las escenas. Londres y Paris se presentan bajo los ojos de un neoyorkino que añora su ciudad, que tiene presente la visión teatral de hacer películas, se presentan bajo el velo de la fantasía del amor como destino final del hombre.

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“La poesía no se impone, se expone”

Con ese verso de Paul Celan, Peter Sloterdijk inicia sus reflexiones en torno al origen y el lenguaje en su libro “Venir al mundo, venir al lenguaje”, libro que comprende cinco conferencias que se impartieron en el verano europeo de 1988. Este verso de Celan ya puede darnos luces sobre el contenido de estas conferencias pues, así como la poesía, las reflexiones de Sloterdijk no se van a imponer, se expondrán. En ese sentido todas las reflexiones del filósofo girarán en torno a la pregunta por el origen, pero no la pregunta por el origen del Ser, tampoco del lenguaje sino del hombre, del hombre concreto que vive en el mundo, en el lenguaje.

Para Peter Sloterdijk una cosa es clara: al venir al mundo al hombre se le imponen estructuras, ideas, concepciones tradicionales que responden a su “nacionalidad”. Al mismo estilo de Nietzsche, Sloterdijk se pregunta si hay salida para el hombre que quiere ir más allá de lo que su tradición le dictamina. Se pregunta si es posible romper con ella e ir en busca de nuevos orígenes. Sloterdijk responde que sí, que es necesario investigar en el origen para romper con la tradición. En este punto, Sloterdijk parece remitirse a las tesis de Giorgio Agamben que también había hecho hincapié en ese momento de escisión. La escisión para Agamben es el momento en que dejamos de ser animales para ser hombres, es el momento en que el hombre se convierte en un ser político. Sloterdijk se dirige a ese momento de escisión, él considera que el recordar y evocar el origen puede transformar al hombre. Sin embargo, alcanzar el origen no es una cosa fácil, en ese momento rememora el cuento de Borges “El libro de Arena” y la dificultad del protagonista por encontrar la primera hoja del misterioso libro.

Para poder llegar al origen, Sloterdijk supone que debe haber un “pathos” necesario, que sin él todo esfuerzo es inútil. La pregunta por el origen entonces responde a la voluntad del hombre y se puede alcanzar mediante la evocación del inconsciente que propone el psicoanálisis. De esta manera, el hombre puede cambiar su destino, puede modificar su vida. Sin embargo, Sloterdijk aclara que esta movilización y nuevo origen tampoco es definitorio, pues toda vida que está definida ha perdido su fuerza y está destinada a la muerte. Por lo tanto, el hombre debe siempre preguntarse por el origen, exponerse a nuevas vidas. En ese sentido recupera también la consideración de Agamben de la “no-latencia”, esto es calificado por el italiano como aquello que pudo ser, pero no fue. El hombre, también para Sloterdijk, debe preguntarse por esa no-latencia, por aquello que ha dejado de lado al vivir de determinada manera. El hombre entonces debe preguntarse por el origen en busca de nuevas vidas, en pos de abandonar el estancamiento que  le deja la tradición occidental al definirlo como sujeto. La pregunta por la escisión encuentra respuesta en esta apertura a la no-latencia. La búsqueda de la no-latencia se dará por medio de la evocación (pseudo-psicoanálitica) y ésta brindará lo suficiente para abrir el espacio necesario para la deconstrucción derridadiana.  El hombre no es definible, pues lo definible está destinado a morir. El hombre siempre es nuevo, siempre se estrena de alguna manera, llenándolo de vida y haciendo de la postergación un destino de muerte. Esta última reflexión también está lleno de otro filósofo importantísimo en las últimas décadas: Walter Benjamin. Al igual que Benjamin, Sloterdijk ve en el hombre no definiciones y limitaciones, sino potencias que puede explotar una vez hecho la anagnórisis de que la muerte es aquello que lo cimienta en una determinada manera.

Es mediante siete a prioris que se van desarrollando en distintas partes del libro que Sloterdijk construye estas reflexiones sobre el origen y que finalizan de una manera nada ortodoxa. Las reflexiones no terminan. En realidad, el filósofo responde a su pensamiento y no cimienta una verdad sobre sus consideraciones, simplemente las expone con la promesa de esa suspensión que llegará, pero no en ese momento pues hay que seguir viviendo y explorando. En ese sentido, vale la pena mencionar una cita que hace el autor de Nietzsche: “Poco a poco se me ha ido revelando qué es lo que ha sido hasta la fecha toda gran filosofía: la autoconfensión de su autor y una suerte de memoires involuntarias e inadvertidas…”

Con la primera cita de Celan ya había comentado lo expuesto que estaba el pensamiento de Sloterdijk, con esta cita de Nietzsche se comprende que estas reflexiones respecto al hombre, su origen y su devenir son en realidad reflexiones respecto a la propia vida del autor. Sloterdijk estudió en Münich y luego de ser criado en los brazos de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt se va hasta la India donde se convierte en discípulo del popularísimo Osho. A su regreso a Alemania, Sloterdijk intenta conjugar estas dos tradiciones tan disímiles entre sí. Así pues en sus conferencias respecto al origen, Sloterdijk está haciendo reflexiones sobre su propio obrar, sobre sus acciones como rompimiento con la tradición occidental y de bienvenida al desconocido mundo de la meditación. Sloterdijk en su conferencia critica mucho a la sociedad occidental, a la tradición de muerte que ha significado el lenguaje alemán, al conformismo y maquinismo que se identifica con la sociedad norteamericana. Sin embargo, también lo rescata. Siguiendo el paso de la deconstrucción de no ser una destrucción sino una apertura, Sloterdijk supone que la tradición occidental puede abandonar su pasado de muerte al llenarse de nuevas formas de ver el mundo, aperturándose a eso que había dejado de lado, a lo otro imposible.

Finalmente, Sloterdijk considera que el hombre es un texto y que la tradición no es más que la literatura universal en la que la pregunta por el origen no alcanza la primera página de manera temporal-lineal. Es así que el hombre puede llenar su texto de nuevos lenguajes, de nuevas vidas y posibilidades. En realidad, Sloterdijk hace una reflexión sobre la posibilidad del hombre por el cambio, por el manejo de su existencia. La pregunta por el origen es la pregunta por el hombre, pero no en el mundo de la abstracción sino aquí en la tierra. Sloterdijk se pregunta en realidad por Peter Sloterdijk.

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G. K. Chesterton en un ensayo que se encuentra en su libro “Herejías”  menciona ya la falta de valor de lo que dice el hombre. Según él, vivía en una época en la que se había luchado por la voz de todos, pero ninguna voz se levantaba con el valor suficiente para decir algo. Todos podían decir todo, pero nadie lo hacía realmente.  Este escrito de Chesterton data de comienzos del siglo XX y es asombroso notar que todavía no habían acontecido sucesos como las dos Guerras mundiales, el movimiento hippie, etc. El ensayo de Chesterton se puede incluso trasladar a nuestra época, periodo que gasta todas sus letras en la recuperación de la voz del gran otro, que agota sus esfuerzos en la  bienvenida al discurso de “los vencidos”. Sin embargo, vale la pena preguntarse si realmente alguien dice algo. Un ejemplo es el nobel al escritor turco Orham Pamuk, escritor turco de calidad pero que realmente no es de los mejores escritores contemporáneos.

Desde hace muchos años que el nobel a la literatura es un premio circunstancialmente político, la voz de Orham Pamuk no es de importancia, su calidad literaria secunda a su procedencia, la iconografía de oriente que se muestra en sus novelas se sobrevalora como tinte histórico por sobre la ficcionalidad de sus historias, etc. En ese contexto en el que el escritor no se muestra, o que no se muestra un escritor con voz, aparece Bilge Karasu escritor turco fallecido hace más de quince años que recién ha llegado a las estanterías limeñas bajo el sello de Estruendomudo.  Este escritor, prácticamente desconocido en el Perú, se presenta con “El jardín de los gatos desaparecidos” novela en la que se trabaja muy bien la técnica narrativa y la tradición oral. En esta novela la voz del autor se eleva por sobre los clichés orientalistas sobre la “enigmática Turquía” y compone un texto que juega más bien con el encuentro cultural que representó, tanto para occidente como para oriente, el territorio turco.

Bilge Karasu

La novela consiste en 13 cuentos y 13 marcos que van formando la historia y dirigiendo la imaginación del lector. Los cuentos  se muestran como directrices, como imágenes o evocaciones que se muestran al lector. Los cuentos son historias dentro de historias a la vieja usanza oriental de “Las mil y una noches”, pero que han sido tratados con técnicas que permiten la relación inconexa entre ellas. El primer cuento se presenta como la entrada a este mundo en que la mente del lector es el encargado de profundizar el libro, en que el narrador es simplemente aquel que cierra y abre caminos, aquel que construye muros inesperadamente para cerrar los caminos de un laberinto. El segundo cuento está más cercano a la tradición occidental y, particularmente, a la desesperación y la enajenación frente al sistema que Kafka ya había presentado varias décadas antes. El tercer cuento hace recordar a la fortaleza de “El desierto de los tártaros” de Bassani, pero mirando hacia el desierto y no a la nostalgia del pueblo italiano. Sucesivamente, los cuentos van dirigiendo al lector por un laberinto de voces que abren y cierran caminos como en un juego de ajedrez en el que se debe tener en cuenta los movimientos del contrincante para poder jugar uno primero. El narrador va dirigiendo al lector por el laberinto como fichas de ajedrez, pero al cual no se responde como autómata sino por medio de asociaciones mentales en cada lector. Asociaciones que abren más caminos y que complican el juego y el laberinto.

Por otro lado, los 13 marcos que rodean los cuentos me parece funcionan como nudos que aseguran que la novela no se convierta en un juego de fantasías dirigida por la visión orientalista que menciona Edward Said en su texto “Orientalismo”. Estos 13 nudos en un momento proponen la pregunta de quién son estas asociaciones, del lector o del autor. Bajo qué constante la exploración en los cuentos nos pueden dar más luces sobre estos marcos que abren y cierran la novela, me parece que esto lo responde cada lector de diferente manera.

El estilo narrativo me parece está lleno de diálogos discursivos con lecturas canónicas literarias y filosóficas. De esta manera, encontramos que los personajes parecen sacados de un cuento de Kafka, de un monólogo destructivo de Dostoievsky, de las consideraciones sobre la naturaleza del hombre de Camus, del objetivo del conocimiento de Hesse y la tradición hindú, etc. Por otro lado, es notable la relación con “Las mil y una noches”, con la tradición oral, con la magia y la relación con la naturaleza, etc.

Bilge Karasu es un escritor que va más allá del afán historicista del escritor no occidental, es un autor que parece haber superado la dicotomía occidente/oriente y nos muestra una forma de vivir en la escisión y el punto de confluencia de diversas culturas por demás conocidas entre sí. Esta novela se alza como la voz que se espera por sobre la magia literaria orientalista de Disney que nos demuestran las aventuras de Tariq Ali y Orham Pamuk.

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Comenzó la Feria del Libro en Lima y trae novedades, pero también constantes decepciones y enojos.

Lo mejor de la FIL:

  • Comunitas librería. Esta librería que se ha caracterizado por ventas online, ha logrado un puesto en la Fil. En el stand de la feria no tiene mucho libros, pero su página web promete variedad. Me parece que lo mejor de su oferta son los libros de Trotta Editorial, con libros de Scholem, Schopenhouer, Benjamin, Habermas, Adorno, etc. Así como Taurus con autores como Todorov, Grossman y, hasta donde tengo entendido, una muy buena edición de la Crítica a la razón pura de Kant.
  • La embajada de Venezuela. Esta embajada tiene un stand más amplio que los otros y trae títulos interesantes como por ejemplo los de Biblioteca Ayacucho: Ficciones de Borges, Sobre héroes y tumbas de Sábato, etc. Vale la pena darse una vuelta para revisar qué sorpresas puede traernos la amenaza chavista.
  • La embajada de Chile. Con sus insignes escritores Roberto Bolaño, Gonzalo Rojas y Vicente Huidobro. Del primer encontramos sus novelas conocidas como 2666, Los detectives salvajes, etc. Pero también novedades como “Los sinsabores del verdadero policía”, novela póstuma que guarda estrecha relación con la ya famosa 2666.
  • Estruendomudo. El acierto de esta editorial peruana ha sido la de encontrar a un gran escritor y a un gran traductor. Si la reseña de Alexis Iparraguirre sigue la verdad del texto, debemos esperar mucho más del recién descubierto Bilge Karasu y su novela, editada por el sello peruano, “El jardín de los gatos desaparecidos”.
  • Editorial Planeta. Con ofertas en la sección de pintores y fotógrafos. 50% en libros de la obra pictórica de Salvador Dalí y Vincent Van Gogh.
  • Librerías La Familia. Como siempre esta librería trae buenos libros como la nueva edición de bolsillo de Alianza Editorial, un formato más sobrio y completo que trae novedades como Los hermanos Karamazov de Dostoievsky en un sólo tomo a 80 soles. Además han conseguido las novedades en el autor oriental Amin Maloof y también traen novedades en su sección de estudios filosóficos a cargo de Adriana Hidalgo Editorial, autores claves como Giorgio Agamben, Franz Rosenzweig, Didi Huberman, etc.
Estos son unos de los aciertos que ha traido la feria de este año, vale la pena darse una vuelta para encontrar aquellos stands que suelen dejarse de lado, pero que siempre traen un as bajo la manga.
Lo malo de la FIL 2011:
  • La embajada de Argentina. Esta embajada tiene uno de los mayores stand de la feria y no vende libros. Muy interesante que en una Feria de Libro no vendan lo que promueben. Lo que pasa es que en realidad son editoriales argentinas que buscan distribuidoras y librerías peruanas interesadas. Sus mayores desaciertos son provocar a los compradores y fanáticos librescos con títulos como Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato en la editorial Alción con estudio crítico y escritos del autor sobre el texto. Una decepción realmente.
  • La casa verde y El virrey. Librerías que brillan por su ausencia, librerías que le darían otros aires a la FIL.
  • Este año se celebran los 100 años del nacimiento de Jose María Arguedas y Adolfo Wesphalen. Dónde está la promoción¿? La FIL no debería estar avocado simplemente a la venta de libros, en teoría debería interesarse por la difusión cultural. Un acto significativo sería rendirle un pequeño, pero justo homenaje literario a uno de los mejores escritores peruanos del siglo pasado.
  • Por último, la entrada a la FIL cuesta 3 soles, yo me pregunto por qué. Qué renombrado escritor han traído los organizadores para justificar el cambio de 1 sol a 3 soles (Corbacho? Ortiz?) Acaso no es el mismo lugar en el que se hizo la FIL el año pasado¿? La ubicación sigue siendo pésima, no hay estacionamiento. Por qué el alza de la entrada¿? Por otro lado, acaso la FIL no es una actividad que busca la difusión de la cultura y el hábito lector generalizado¿?. Yo tenía entendido que  la FIL era el espacio en que los peruanos disfrutaban de ver libros, compartir exposiciones, etc; sin embargo ahora vale preguntar para quién se está reservando este derecho. No es que quiera hacer política, pero vale la pena recalcar que si el objetivo es la difusión de la cultura es necesario el precio mínimo. El cliché del lector aristócrata ronda nuestra desgastada ciudad.
En fin, la FIL es un momento para disfrutar, para ser torturado por la indecisión de comprar tal o cual libro e incluso, si es posible, de reventar la targeta de crédito con ejemplares que perdurarán largamente en las memorias de sus lectores. No es la mejor FIL, pero siempre es bueno encontrarse con amigos y compartir la conversación desinteresada de tal o cual título.

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En un primer momento, intenté comparar a José María Arguedas con Borges. Me pareció que en los dos se expresaban constantes, que los dos tenían diferentes expresiones de un mismo sistema, pero no pude plasmar esas ideas en símbolos. Un amigo me hizo notar que podía ser el silencio del escritor al enfrentarse a lo andino, yo realmente creí que era el silencio frente a la hoja en blanco. Sin embargo, creo que mejor haré un testimonio de la grandeza de Arguedas en mí.

Yo estudié en colegio nacional toda mi secundaria, ahí la literatura no es un tema importante y sinceramente no recuerdo que me hayan mandado a leer algún libro en esos cinco años. Sin embargo, mi mamá siempre trató de impulsar la lectura a mis hermanos y a mí. De esas tardes y noches que pasé leyendo tengo recuerdos imborrables como el descubrimiento de Sherlock Holmes, Vallejo, Borges, etc. A José María Arguedas lo conocí después y no me gustó, no entendía su proyecto literario que me parecía tan evidente, los estudios culturales ya habían mermado mi capacidad para enfrentarme solo al texto; años después ya en la facultad de literatura en la PUCP tuve que leerlo de nuevo y creo que recién fue ahí que me interesé por ese autor. Yo realmente dudo de ese pensamiento que supone que a algunos libros hay que leerlos cuando se ha leído casi todo, para mí esas expresiones son simplemente engaña muchachos para aterrar jóvenes frente a Joyce o Borges, éste último en una declaración dijo que uno no debía preocuparse porque un libro le parecía difícil, lo que pasa es que tanto como el lector no está listo para el texto, el texto mismo no está listo para el lector. Esa es la magia del lenguaje, la potencialidad del lenguaje que trata de rescatar Walter Benjamin, Giorgio Agamben y también José María Arguedas.

José María Arguedas declaró muchas veces esa imposibilidad de comenzar, pero de comenzar no por la falta de ideas o de estructuras sino por el desfase que se producía en el lenguaje, pues para él el español no podía expresar la realidad del indio y el quechua no lograba expresar su mundo. Qué maravillosa reflexión no¿? La potencialidad del lenguaje busca le mot juste para su espíritu, Arguedas fue un escritor que buscó esa palabra justa donde se reconcilien los hombres, pues el que escribió “Los ríos profundos” no es el mismo de “El zorro de arriba y el zorro de abajo”, Arguedas fue un escritor que buscó el modo de expresar no la comunicabilidad del lenguaje sino aquello que ha perdido la nación peruana, aquello que seguimos buscando en las obras de Vargas Llosa, en la elección de un presidente. Arguedas escribe sobre el agua que se renueva y no es la misma, escribe sobre los dioses de la naturaleza, escribe sobre el joven que está perdido. También escribe sobre el laberinto de las ciudades y la separación de la sociedad en el que el lenguaje es la única salida. Arguedas para mí se convirtió en un escritor universal en el momento que pudo encontrar el espíritu del lenguaje y no se conformó con una visión de éste sino que siguió explorando las potencialidades de su espíritu. Con estas potencialidades Arguedas también pudo representar a todos los hombres, pero sobre todo representar al hombre que todavía lleva esperanza, aquel hombre que vive en la aporía de la oscuridad y la luz, aquel hombre que reconoce el laberinto del universo, que reconoce esa nostalgia de un absoluto y lo intenta reconciliar con el lenguaje. No creo que haya mejor prueba de esto que “La agonía del Rasu Ñiti”: Wamani es Wamani. Arguedas es el inmortal que se repite en una tautología, tautología que no es otra que una resemantización de  la consideración de Borges en la que un hombre es todos los hombres en algún momento de su eternidad, Arguedas fue todas las sangres también.

Al final, como también dijo Borges, las palabras sobran. Arguedas es considerado un grande por la crítica postmodernista, tal vez debamos dirigir también una mirada a su calidad como creador y poeta, suponer que es simplemente un descriptor de acontecimientos o que sus obras son basadas en la realidad es minimizar la calidad de Arguedas, el laberinto de su obra lo demuestra, sólo que no lo vemos: No tienes fuerza aún para verlo. Está tranquilo, oyendo todos los cielos; sentado sobre la cabeza de tu padre. La muerte le hace oír todo. Lo que tú has padecido; lo que has bailado; lo que más vas a sufrir. (Arguedas – La agonía del Rasu Ñiti)

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Ítalo Calvino

Al finalizar la primera guerra mundial, los hombres volvían del campo de batalla devastados y silenciados. En ellos la experiencia bélica había destruido la fuerza metafísica que los unía con el mundo; ese mundo al que volvían era ya un mundo totalmente diferente, mundo de muerte física, pero más trágico aún era la muerte de la experiencia de la tradición: el silencio de los hombres se debía a una deshumanización de la realidad, el alejamiento del ser espiritual.

Walter Benjamin fue quien mencionó aquel silencio de post guerra en su texto “El narrador”, texto que trata de la pérdida de la tradición oral, de la potencia de la narración como creadora de textos y dadora de nuevas vidas a las instancias humanas o tal vez al hombre mismo; Walter Benjamin rescata la espiritualidad perdida por el hombre que siempre ha estado ahí como el aire que se respira y del cual poca consciencia hay.

Ítalo Calvino nació en luego de la Primera Guerra Mundial y tuvo que enfrentarse a la Segunda Guerra a muy pronta edad. Acabada la Segunda Guerra publicó un libro de cuentos que no sólo habla del hombre enfrentado a la pérdida de la experiencia espiritual y el miedo a la muerte sino que también dejó un testimonio de esperanza, un testimonio sobre la alienación del hombre frente a la guerra, la pérdida de la cordura, etc. El libro al que me refiero es “Por último, el cuervo”, libro de treinta historias que relatan la vida del hombre de campo en el momento del estallido de la Segunda Guerra y su desarrollo. El hombre de campo del que relata Calvino en sus cuentos es un hombre alienado por el capitalismo, es un hombre que se enfrenta al deseo de dinero, de tener más; con esto parecería darse una apología al hombre de campo tradicional, pero es en realidad una visión pesimista del mismo. Pues lo que dice Calvino en sus cuentos es que no fue necesario de la guerra para deshumanizar al hombre y volverlo una máquina de trabajo, el hombre es de esa manera y no es por la guerra que es constante. Tampoco está deshumanizado por la posible muerte que es la no latencia misma (según Agamben), mejor dicho, el sentimiento de finitud se torna más presente que antes y mantiene al hombre en vela por su vida. Lo que me parece que ha deshumanizado al hombre es la pérdida de consciencia respecto a un espíritu que es más que él en él. Los cuentos que llevan la esperanza son aquellos mismos en que los personajes comprenden la no latencia, la constante posibilidad de muerte y de vida, y cuándo el hombre comprende que no es sólo un hombre sino que también es poseedor de algo dentro de él que puede verse como inmanencia.

Sin embargo, no estoy diciendo que la guerra no afecta al hombre, sí lo hace. Lo destruye. El hombre que conoce y está cerca de la guerra es un hombre que incluso ha perdido consciencia de su consciencia, los personajes de guerra son psicópatas, paranoicos y desquiciados. Son personajes que viven asqueados de la sociedad y buscan la soledad como si ello fuera la potencialidad de ser más humano. Los personajes de Calvino son torturados por la contradicción de ser hombres con deseos y prohibiciones, la contradicción de vivir con otros hombres o alejados de ellos, pues estos personajes han hallado en sus congéneres aquello que odian de ellos mismos y por eso muchos son viajeros que cambian de lugar constantemente o son extranjeros que no tienen voz, incluso llegan a ser parias que huyen de la guerra y al encontrarse solos, alejados de la humanidad, se sienten más asqueados que nunca.

Ése es el silencio que narra Walter Benjamin en el texto mencionado, la idea del hombre que se aleja del hombre y calla para no escuchar las voces humanas, las voces espirituales que lo enfrentan de formas nuevas a la realidad; el silencio del hombre aliena y radicaliza este silencio, porque en el silencio no hay diálogo ni dialéctica. Por eso –espero abordar Benjamin correctamente- Calvino ve en el hombre a aquel individuo que ha perdido la capacidad de ver lo espiritual en el hombre y sólo ve campo, sólo ve dinero, muerte y desesperación

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