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La poesía de Pedro Salinas tiene un componente preponderante y harto conocido: el Tú de la amada. Este componente se apreciará de manera concreta en la trilogía poética: La voz a ti debida (Voz), Razón de Amor (RA) y Largo lamento (Largo). Habría primero que tomar en consideración el propósito que Monserrat Escartín atribuye a esta trilogía: Definir su concepto de amor entendido como proceso de autoconocimiento del yo a partir del tú, del cual se rechazará todo lo contingente y engañoso, incluso el nombre; sumando al conflicto sentimental el lingüístico, que pretende contener lo inefable y lo falsea (13)

Pedro Salinas

Tenemos entonces que este autor, que se había acercado al Futurismo, se propone la trascendencia en el lenguaje y a partir de la amada. Para Salinas: “…lo real es el punto de partida o signo que será transformado por la visión creadora del poeta en un nuevo mito o fábula.”  (Escartín I, 33) El poeta modifica el mundo con la poesía, para él el “…permite poseer, ordenar el caos del mundo y crear uno propio.” (31) La gran transformación del mundo material que circunda al poeta se relaciona con la energía vital que Jorge Wiesse encuentra a partir de las lecturas de Salinas sobre Henri Bergson. Este filósofo de inicios del siglo XX consideraba que el amor era un movimiento de acción y creación que propagaba su energía vital en él mismo. Mejor dicho, todo acto de amor es acción y creación al mismo tiempo, es búsqueda de completud de la esencia del amante y búsqueda de la relación con el objeto de amor. La transformación del mundo desde esta energía vital tendrá un reflejo en el lenguaje poético en el que se manifiestan las fases del amor del yo  poético en esta trilogía. Monserrat Escartín en su ‘Introducción a la Poesía completa’ dice: “La trilogía nos ofrece la espontaneidad y vitalismo de un enamoramiento en La voz a ti debida; las dudas y reflexiones en Razón de amor; y la evocación nostálgica en Largo lamento: un continuo narrativo donde cada título supone un instante del proceso.”(34)

La voz a ti debida: Poema (1933)

Sobre el inicio de este proceso de conocimiento, el cual es afirmado por la mayoría de lecturas, se han labrado dos posiciones. Leo Spitzer y Monserrat Escartín consideran que la amada es un proyección del yo poético, mejor dicho, la amada no existe (Spitzer) o su realidad es abandonada (Escartín) en busca de un trascendentalismo que cae en la auto referencialidad del yo-amante. Para Spitzer, “…la pareja amorosa se reduce hasta tal punto al yo del poeta, donde la mujer solo vive en función del espíritu del hombre y no sea más que un fenómeno de conciencia de éste.” [No recuerdo página, para todas las citas referidas a Spitzer no señalaré página porque no lo copié con ese dato] Para Spitzer la trascendencia no es un movimiento de diálogo como ha considerado la tradición crítica, sino que se propone como una inmanencia velada, velada por la proyección a un objeto. Para Escartín esto no está muy alejado de su pensamiento, ella considera que “La única salida para hacer posible el amor imaginado es matar a la amada real y sustituirla por otra idealizada.” (35) Otra vez se muestra que la relación amorosa es una especie de efecto pigmaliónico del yo poético. El mutuo argumento principal para esta posición es que, para Salinas, el cuerpo es considerado una transgresión del momento de amor. Reducen, pues, a la amada a su realidad material cuando Salinas intenta ir más allá de su propio cuerpo. Este punto también es tocado por Spitzer: “Si la realidad de la mujer no debe ser buscada ni en su imagen exterior ni en su alma, ni siquiera en lo que el poeta siente, sino en el más allá detrás de todo que es como la muerte, resulta que esa realidad no se asienta verdaderamente más que en la especulación metafísica del poeta mismo.” En pocas palabras, hay una impronta inmanentista en sus consideraciones sobre este poemario.

Ante esta posición inmanentista, Jorge Wiesse y Alma de Zubizarreta consideran que la amada sí existe, que la tras-realidad que Salinas intenta descubrir en la amada corresponde con la energía vital de Bergson. Es por eso que Wiesse relaciona este gran poema con la literatura dantesca y la relación Dante – Beatriz. Al hacer memoria debemos tomar en cuenta que la misma polémica se centra en torno a la realidad material de Beatriz. En todo caso, esta posición, un poco más trascendentalista, refiere concretamente a que los velos que cubren a la amada la niegan, que todo aquello sobre lo cual Spitzer deducía una suerte de efecto pigmaliónico  era cierto, pero no concluye como Spitzer lo hacer sino que refiere a una realidad (por eso tras-realidad) que va más allá de la razón, mejor dicho, el amor llega a fundar un absurdo en la relación que no puede comprenderse bajo ese tipo de discurso. Desde ese punto de vista Alma de Zubizarreta arguye: “Salinas necesita de un ser único, constante compañía, con quien hacerse en íntima y fecunda relación. Y se empeña en la tarea de buscarla, en una lucha constante no contra la amada, sino en pro de la amada.” (122). Por otro lado Wiesse, al analizar el epígrafe de Shelley y relacionarlo con Dante, concluye: “Tanto en Dante como en Shelley, la sombra (‘ombrata’, ‘veiled’) de la manifestación exterior de la amada es lo que permite al amante contemplarla, vislumbrando, intuyendo, más allá, detrás de la sombra, su gloria, su luz, insoportable a la mirada directa.” (4) La visión que tienen estos críticos sobre la realidad de la amada se contrapone a las dos primeras (Spitzer y Escartín) y se entienden en que no pueden comprehender el tipo de relación con la amada y sus velos, pues están mirando de manera directa el lenguaje poético saliniano.

Generación del 27

En relación a esto, Spitzer menciona que Salinas “no sugiere solamente, sino que explica también; prefiere las asociaciones y metáforas, las comparaciones de dos miembros en un paralelismo cuidadoso, meticuloso.” En ese sentido, los cuatro críticos mencionados coinciden en las características románticas en esta trilogía amorosa. Podría intentar deducir cierta crítica a la racionalidad (recordemos que en ese tiempo la crisis provocada por el positivismo está que quema); sin embargo Monserrat Escartín considera que este estilo no llega a ser irracionalista ni entregado a lo sublime, sino que considera que hay una pre-racionalidad en la intuición que se forma “…como sistema de conocimiento que mejor al individuo, sin pasar por el discurso intelectual y sí por la intuición, la vivencia o el sentimiento.” (36). Este concepto de intuición está muy ligado a la energía vital bergsoniana referida por Wiesse, la intuición es un modo de actuar de amor.

Esta intuición sobre la tras-realidad de la amada será el motor de la ‘pedagogía amorosa’ aducida por Alma de Zubizarreta. Consiste, concretamente, en revelar a la amada ese lado que ella misma desconoce y que el yo poético intuye en su encuentro. Es por eso que este gran poema puede llevarse a las palabras de Escartín arriba mencionadas, el poema de la Voz es una espera del yo poético por el sí de la amada:

Los verbos, indecisos,

Te miraban los ojos

Como los perros fieles,

Trémulos. [Versos 464 – 468]

¡Si me llamaras, sí,

Si me llamaras!

Lo dejaría todo,

Todo lo tiraría… [Vs. 102 – 105]

Esto se entiende tomando en cuenta que el mundo pre-amada es un caos, es una homogeneidad vacía que no lleva sentido propio. En cambio, junto a la amada se forma la relación: el nosotros. Este ‘nosotros’ puede cambiar el mundo con su energía vital. Spitzer dice: “La ‘enumeración caótica’ es, por lo tanto, ambivalente: reagrupa el mundo, sea destruyendo su física, sea recreando una nueva por medio del  pensamiento.”

El caos del mundo en el que se inscribe la relación amorosa termina por convencer al yo poético de que la larga búsqueda de  la amada imaginada debe acabar con la aprobación de la real; la trascendencia de la carne es olvidada por la afirmación de su presencia que se impone con los límites de lo tangible [Esto es un parafraseo de Escartín]. Parece contradictorio que Escartín le quiera dar realidad material a la amada cuando previamente defendió una suerte de inmanentismo, esto se soluciona líneas adelante cuando asegura que “…ella es el simulacro de la otra, una falsificación.” (II, 26) Escartín parece estar al tanto de las teorías psicoanalíticas y propone esta suerte de ‘postergación’ del objeto de deseo en la amada de Salinas. Para Escartín el eje central de este poema es “el amor como impulso cognoscitivo y búsqueda incesante de lo esencial, cuyo resultado es el encadenamiento de piezas independiente sobre dicha continuidad de fondo, que explicaría la ambigüedad formal del libro definido como poema.” (II, 27)

La ‘pedagogía amorosa’ nos abrirá paso en este encadenamiento de piezas, el desprendimiento del mundo, del nombre, de la historia, de los lugares formarán parte importante en el descubrimiento de ese Tú esencial. Alma de Zubizarreta al respecto: “El poeta, después de haber visto lo que ella es en apariencia, trata de que sea lo que es en su íntima autenticidad y hace todo un esfuerzo poético- en el doble sentido de creación literaria y creación vital – para lograrlo.” (146). En ese sentido, se comprende el intento de liberación respecto al ‘nombre’, esta liberación del nombre también puede entenderse desde la influencia simbolista francesa de Rimbaud: Prenom y nom en francés corresponde con nombre y apellido en castellano. El nombre es la casa como la relación que Wiesse logra entre este poema y ‘Romeo y Julieta’ de Shakespeare.

Por último, la gran imagen que se muestra a lo largo del poema es la ‘sombra’, el poeta intenta rescatar de las sombras al ser esencial de la amada y en esa relación a su propio ser esencial. De esta manera se puede fundar el ‘nosotros’ saliniano.

Vale la pena mencionar que en la edición de Castalia, Joaquín González Muela arguye que en Voz encontramos los procesos que Escartín atribuye a toda  la trilogía amorosa. Sin embargo, este crítico no es mencionado por ninguno de los otros por lo que no se le puede tomar en cuenta. [MUAJAJAJAJA] No obstante, Escartín sí identifica cierta crisis en la relación al final de Voz: “¿Las oyes cómo piden realidades,/ ellas, desmelenadas, fieras,/ ellas, las sombras que los dos forjamos/ en este inmenso lecho de distancias?” [Vs. 2431 – 2434]

Razón de Amor: (Poesía) (1936)

Escartín afirma que en este poemario Salinas intenta hacer una defensa del amor, aquel amor que había sido labrado en el poema anterior. Lo anteriormente dicho sobre la intuición se relaciona, según Escartín, con Scheler: “El corazón tiene sus razones, pero no razones sobre las cuales ha decidido previamente el entendimiento […] sino tan solo las llamadas razones, en el sentido de motivos, deseos.” (I,36) En ese sentido, uno de los temas de esta argumentación será la salvación desde el ‘nosotros’ conseguido en el poema anterior, la actividad individual de los amantes fue vacía hasta el momento de la unión en que “…se descubre la verdad de dos que trasciende la felicidad individual, sustituyéndola por otra colectiva de redimir al mundo.” (I, 34). Podemos volver a la relación con Bergson y la energía vital desde la intuición, ahora que el ‘nosotros’ se ha formado la energía del amor se desborda y cambia el mundo como lo había previsto en Voz. Desde ese punto de vista, el amor se presenta como  aquello difícil de verbalización y, en ese sentido, como lo intuible. Escartín sigue esta dirección cuando menciona que  “El mundo resplandece por la actividad de la pareja, porque su amor tiene el poder de transformarlo y embellecerlo.” (I, 35).

Por otro lado, Alma de Zubizarreta considera que hay dos características básicas en el momento del ‘nosotros’:

  1. Dinamismo tensivo: eterna recreación

Se refiere en realidad a la dialéctica entre el trascendentalismo del poeta, que lo  lleva a un afán ascensional, y la gravitación de la realidad. Es, me parece, la lucha entre las apariencias y aquella esencia que Salinas ha podido fundir en el ‘nosotros’. En ese sentido, Zubizarreta arguye que “…el recordar la presencia de la materia no equivale jamás en el poeta a un abandono de los sueños, a una renuncia de la voluntad creador de la esencia íntima.” (162) Para el yo  poético, la materia deja de ser una negación de la amada (como se refería en Voz) sino que se constituye como ‘carne de vida’ según Zubizarreta. Sin embargo, esto tampoco debe tomarse como una materialización del amor o como un arraigo en el mundo sino que la manera en que el ‘nosotros’ se comporta está más allá de las leyes físicas, pues son leyes humanas.  “Lo grávido, lo pesado, ha adquirido otro valor a los ojos del poeta: valor de integración, de plenitud, de perpetuidad.” (Zubizarreta, 165) Obviamente esto se entiende desde lo dicho anteriormente, toda la fuerza creadora del amor, de la unión de individualidades se puede encontrar en esta reflexión de Zubizarreta.

  1. Capacidad salvadora de la relación

En primer lugar debemos considerar que el elemento del amor es la memoria, lo que continua a este es el beso.

Tengo unos labios. Mira. Yo recuerdo
que antes de conocerte,
es decir cuando Dios
no había separado todavía
la tierra de los mares,
tú andabas por tus labios,
yo por los míos, como si anduviéramos
por dos caminos diferentes.
Despacio yo, como indeciso día
que no renuncia a sol, a nube o viento, 
sin saber lo que quiere, hasta que al fin
la noche le decide a la negrura.
De prisa tú, saltando, tan derecha
como un aliento, que jamás vacila
porque hay que respirar. (Lo que vacila
está en el pecho, sí, pero a otro lado.)
Hasta que un día en que el azul estío
pareció no tener más herederos,
tus labios se olvidaron que eran tuyos
exactamente en ese punto mismo
del espacio y del tiempo
en que dejé por siempre de acordarme
de que los míos eran míos.
Desde entonces
no son míos ni tuyos, son ya nuestros:
y no hay para nosotros
más que un camino: el beso
que empezó aquella tarde y que termina
en una duda de si termina

El beso como salvación representa la unión misma de los amantes; sin embargo, la salvación no se restringirá a esto. Zubizarreta advierte que la misma voluntad de salvarse es ya la salvación pues es un afán compartido, es un afán único del amor. En ese sentido, Escartín considera que “…el’ nosotros’ es la salvación porque si Voz era una andadura esperanzada hacia el amor, RA es un cántico desde él.” (I, 40). Vale la pena, entonces, prestar atención a la última parte de RA (La felicidad inminente):

Los elegidos para ser felices

Somos tan solo carne

Donde la dicha libre su combate… [Vs. 2745 – 2747]

De esta manera, como dice Escartín, “…uniendo de forma definitiva sensualidad y sentimiento trascendente.” (I, 41) Tal vez por eso es que el mundo se contagia de la vitalidad del amor en que viven los amantes, el mundo ya no solo se recrea por voluntad de los amantes sino que se irradia en tanto energía vital como había sido previsto en Voz. Los amantes se dan cuenta de esta energía, según Zubizarreta, “…sienten que su unión salvadora los compromete a salvar desde ella, a los que se lo piden. RA expresa cómo los amantes salvan al mundo, que no solo es suelo de la vivencia, sino que representa la continuidad puesto que ha sido habitación de sus padres y lo será de sus hijos.” (172) Se puede identificar un cambio de perspectiva respecto a la historia, ahora que se ha logrado la unión y la propagación de la energía vital es inevitable, la historia y el nombre son aspectos que vuelven a pertenecer a los amantes, tal vez ya no como individualidad sino como fuente de amor en el mundo que puede llevar al mundo a ese lado esencial que él mismo no conoce.

Largo Lamento (¿1938?)

“Largo mostrará la caída en la realidad cuando la amada deje al enamorado por otro.” (Escartín I, 44) Escartín presenta así el último libro de esta trilogía amorosa. La relación que Salinas nos presentó en Voz y que luego propagó en RA, llega a su fin, lamentable final de un amor que pudo cambiar el mundo. Esta caída de la amada es para Zubizarreta un abandono del proyecto ‘nosotros’, el poeta exigió demasiado de la amada y ella ahora se encuentra agotada y lo muestra y “…se deja ganar por una apatía y una indiferencia que son dolorosísimas al poeta que desde su concepción siempre dinámica, hubiera deseado actuar para salvar de algún modo aquel amor, aunque fuera aceptando el cambio producido, el cese de la exaltación inicial, encargando para ambos ‘un buen amor de invierno a la medida’. (195)

Escartín considera que luego del abandono de la amada de esta hermosa relación, el poeta si bien se lamenta, no ha perdido la esperanza de un regreso. Zubizarreta opina de la misma manera con: “La hermosa relación que atravesara caminos rehaciéndose cada vez más poderosa, en re-creación constante; las generosas renuncias, las totales entregas, los frutos de la cuidadosa pedagogía del poeta han terminado, pues no le quedaba más posible salvación que ‘volverse sombra’ para perdurar en el recuerdo.” (200)

Escartín va más allá de la simple descripción de abandono de la amada, ella considera que la Modernidad fue aquello que aniquiló la verdadera relación amorosa que tenía el poeta. Considera que es a partir de esta consideración que se puede entender el riesgo que siempre significo para el poeta la relación amorosa. En ese sentido tiene algunas afirmaciones que puede ser leídas desde ciertas teorías contemporáneas “Ella es el otro, lo distinto frente al yo que se empeña en buscar la fusión y un destino común.” (I, 58) No obstante estas afirmaciones que no llegan a cuadrar con el espíritu de la poética saliniana también concluye:

“Se nos recuerda que la fe en el amor es más importante que su pérdida. Aunque el ideal sea inalcanzable, el intento por conseguirlo es lo que cuenta y, no lográndolo, queda la resignación, el agradecimiento, la responsabilidad asumida de la culpa y el consuelo de la memoria.”  (I, 60)

BIBLIOGRAFÍA

Salinas, Pedro. La voz a ti debida. Razón de amor. Largo lamento. Edición de Monserrat Escartín. Madrid: Cátedra

Salinas, Pedro. Obras completas I. Poesía. Narrativa. Teatro. Edición, introducción y notas de Monserrat Escartín. Madrid: Cátedra

Salinas, Pedro. La voz a ti debida. Razón de amor. Edición de Joaquín González Muela. Castalia

Zubizarreta, Alma de. ‘Segunda parte: Capítulo III: La amada: El tú’ en Pedro Salinas: El diálogo creador. Madrid: Gredos

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