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Posts Tagged ‘Ricardo González Vigil’

Si ya has  leído este blog o es la primera vez que lo lees, debes saber algo: amo a Borges. Me gusta porque en su obra se condensa la idea del “Poeta” que nos enseña el Maestro Ricardo González Vigil en la facultad de Literatura en la PUCP. Poeta no es aquel que se dedica a la fabricación y estetización de versos, Poeta es aquel que juega con el lenguaje, es aquel que vive en el lenguaje y se vuelve un instrumento de él. En Borges se condensa el ideal narrativo y la justicia lírica, es un autor que trabaja no sólo desde la visión ficcional sino que le da el sustento filosófico preciso, la concepción cosmológica necesaria y la magistralidad lingüística. Todas estas apreciaciones son pobres frente a estudios especializados en el autor; sin embargo, esta apreciación es válida en tanto que me permite introducirme a la presentación de uno de los mejores libros que he leído en cuanto a narrativa contemporánea se refiere: El inventario de las naves de Alexis Iparraguirre.

Este libro se divide en siete cuentos y cada uno de ellos es un mundo, un mundo de intertextualidad, un mundo de juego del lenguaje. En este libro el personaje preponderante es Borges, básicamente, porque es el Gran Otro que mira a sus personajes desde un panóptico de tal forma que son libres, pero observados, ajusticiados y condenados. Borges es, en este libro, una alegoría de su propia persona, el autor que se ha diferenciado de sus personajes, pues su devenir se ha vuelto independiente de su creador.

El panóptico de Bentham

Este libro es la metáfora de un poema simbolista, que muy adentro lleva un vacío que no es dado por el autor  sino performado por el lector, y con el que este crea un nuevo texto, pues cada lector es un mundo en el cual la narración se inscribe de manera directa. En ese sentido, El inventario de las naves funciona como una correlación de símbolos de orden fractal, mejor dicho, en su visión general existe una estructura que se reproduce en cada cuento particular y que se retroalimenta hasta el infinito; sin embargo, la fractalidad es tal que si uno de sus elementos desaparece se corre el riesgo de perder el sentido; cómo no entender entonces que estos cuentos (así como las cartas del tarot de “La hermandad de la luna”) “…son un abismo de magias y analogías…” Habría entonces que preguntar por la simbolización en el mazo de cartas, por la cadena de signos que pena en los cuentos y dónde limita el orden simbólico. De los signos que pueden encontrarse muchos pueden enfrentarse con la realidad, con la misma ficcionalidad e incluso con la estructura de los cuentos fantásticos clásicos y sobre este punto trabajan los lectores, lectores que no pueden ser primerizos en el encuentro con la literatura, pues se pierde la rica intertextualidad latente; sin embargo, tampoco puede ser leído desde los ojos censuradores del intelectual moderno que ha cercenado la potencialidad del lenguaje. Este libro debería ser leído según la potencialidad subyacente en sus palabras y la maquinaria expresiva que conlleva cada una de ellas; por eso las interpretaciones no son arbitrarias en tanto cada una de ellas lleve la historia de su lector, en tanto cada de una de ellas se haya hermanado con el contexto mismo en el que es leído. En ese sentido, la teoría dramática de Brecht da mejores luces sobre este asunto. Bertolt Brecht habla sobre la capacidad del arte dramático para presentar significados contradictorios para que el espectador no tome la puesta en escena como una obra completa y “perfecta” sino como una obra que debe ser analizada; Brecht considera importante la capacidad crítica del espectador. En el libro de Alexis Iparraguirre se enfrentan las lecturas intelectualoides que llevan a la intertextualidad, que imprimen el academicismo, el misticismo y el análisis social condensado en una serie de estructuras lingüísticas finamente trabajadas, se enfrentan a las lecturas nóveles de los adoradores de los temas policiales, de las preguntas existenciales juveniles y los sueños post-apocalípticos comunes. El manejo del lenguaje brinda al lector esta apertura.

Por esa potencialidad para el lector es que la obra se convierte en un texto recomendable, pues no es narrativa que pretende la clausura del lenguaje, de las analogías ni las relaciones. Es una obra que apertura al lector a su interpretación, al análisis de sus metáforas, la veracidad de los datos y la persecución de sus conexiones con libros y acontecimientos cultural y socialmente conocidos. Es un libro que se inscribe en la tradición del Poeta que se convierte en herramienta del lenguaje y ha olvidado la visión del escritor calculador para dar paso al genio maligno, al Gran Otro.

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El decidirme por estudiar literatura no fue una decisión fácil, mantenerla es más difícil todavía; sin embargo siempre supe lo que quise hacer, a qué dedicarme y cómo podía lograrlo.

Mi primer acercamiento a la lectura fue con Julio  Verne. Con él tuve el primer contacto con el mundo que está afuera, ese mundo que me esperaba y del cual mi familia tanto hablaba. El siguiente fue García Márquez, Cien años de soledad fue la primera gran novela que leí, en la cual me identifiqué con algunos personajes. Fue una novela por la cual me sentí atrapado hasta las entrañas para finalizar con un lavado de cerebro por el huracán. A éste le siguió Jorge Luis Borges y con él me quedé hasta ahora. En Borges encontré la idea del letrado, la tarea del creador y todos los fetiches que años después conformarían lo que yo quería lograr – logro que con mucha decepción tuve que aceptar no sucedería. Borges fue quien me llevó a ahondar en autores, investigar ideas y concentrarme en un grupo de imágenes reproducidas en toda su narrativa. A partir de mi lectura de Borges no logré despegarme de ese sueño, mi vida se convirtió en uno de sus laberintos, en un reflejo triste de lo que sus textos habían provocado en un joven de 15 años. Fue a partir de ese autor que nació mi idea de estudiar literatura, sé que fue así a pesar de no saber fundamentar esta elección.

Hoy estudio Literatura Hispánica en la PUCP y curso del 8vo ciclo. Hoy he descubierto que todos los fetiches bajo los cuales mi elección se había producido no me salvarán de desaprobar un curso. La especialidad de literatura está enfocada en los estudios culturales, salvo por los extraordinarios cursos del Maestro Ricardo González Vigil. Además de estas dos posturas, se encuentran también cursos mediocres que no alcanzan a llenar las espectativas de los estudiantes y también se encuentran cursos grandiosos que nos remontan al estudio clásico literario, donde los profesores son conocedores del mundo del lenguaje y no sólo de una postura ideológica o teórica. Sin embargo, la variedad de materias no fueron ningún problema. Éstas afianzaron la posición intelectualoide bajo la cual había concebido el estudio literario y la labor crítica. Otro curso fue el causante de la verdadera anagnórisis casi existencial en mi carrera: Latín.

Este curso está basado en dos partes Latín 1 y Latín 2, los cuales corresponden a ciclos separados, pero contiguos. En latín 1 se aprenden las declinaciones, adjetivos y tal vez algo más (La verdad es que no me concentré mucho en el curso y no pude aprender mucho). En el segundo ciclo, estamos aprendiendo las conjugaciones y probablemente veremos algo más; sin embargo, los cursos de latín no son el problema realmente, tampoco el profesor ni la currícula. El problema que no es tal, más que una reflexión, es que este curso sobre un lenguaje que no se usa en el análisis literario contemporáneo me ha demostrado la apertura de la crítica literaria por sobre el curso de teoría contemporánea. Hoy descubrí que cuando dejé de lado a Harry Potter por no pertenecer a ese género literario avalado por la crítica académica, comentí un error fatal.

Harry Potter es una pregunta de mi examen parcial de Latín y ahora me arrepiento haberlo insultado, haberlo denigrado a literatura de segundo grado, mejor dicho, haberlo hecho un subalterno. A Harry Potter lo conocí recién cuando salió la primera película, cuando salió la tercera me enteré que era una historia literaria y también de los muchos prejuicios bajo los cuales fundé toda mi “crítica”. Hoy me enteré de que ¡Harry Potter está traducido al Latín! No pude creerlo hasta que lo confirmé hoy en Wikipedia y otras páginas web. Harry Potter una de las franquicias más importantes del cine actual tienen traducción al latín y más de veinte idiomas más (Un dato: También está traducido al griego antiguo, es todavía más inverosímil pensar en un lector para ese libro). Hoy también me enteré de que un amigo mío dio el mismo examen que yo daré en unos días y pudo hacer la pregunta de traducir Harry Potter del latín al castellano  de memoria, ya que se sabía la obra y recordaba palabra por palabra los párrafos a traducir.

Hoy me doy cuenta de que el subalterno del cual todos hablan está presente en los texto que leemos y bajo los cuales creamos la idea de Literatura, hoy me he dado cuenta de que hemos subestimado el poder de Harry Potter pues no sólo es una franquicia cinematográfica y literaria para niños y adultos enviciados con Emma Watson. Harry Potter es la venganza del subalterno en la especialidad de Literatura Hispánica en la PUCP, a los literatos del mañana los insto a leerlo antes de fracasar en sus exámenes de latín -como yo probablemente lo haga.

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