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Posts Tagged ‘Virgilio Piñera’

El viernes pasado fui a ver una puesta en escena “El encarne” de Virgilio Piñera y sólo pude pensar en la imagen de arriba y su significado: Libertad. Esta obra trata de la performance de una obra y por sobre todo de la disposición del artista por cambiar, así como la capacidad del arte por cambiar el mundo.

La trama de la obra gira en torno a una compañía de teatro que intenta reproducir una obra del director Hilario Hilacha, el director de la obra se empeña en la reproducción cabo a rabo de la obra mientras los actores quieren dar rienda suelta a sus impulsos, sus deseos de personificar a su manera, etc. El encarne está dividido en dos actos muy diferentes. El primer acto se concentra en la imposibilidad de la performance de esta obra de Hilario Hilacha, de la encarnación de personajes más afines a los actores, de la potencialidad del arte para salirse de su centro y abordar un espacio que no limita en las tablas sino que se mira también desde la posición del público, en este caso, desde la visión del director que intenta dirigir una obra que se le va de las manos. El segundo acto trata de los ensayos de la obra de Hilario Hilacha y la lucha del artista por seguir una línea y “enseriarse”, de no disfrutar del ritual lúdico del teatro e improvisar. La obra en general está muy bien planteada y es muy recomendable para pasar un buen rato en el teatro.

En el papel del director se encuentra un hombrecillo pequeño sin potencia en la voz, una burla a las clásicas imposiciones románticas que esperan que su director sea un Chaplin, el hombres bajo el cual la obra se cierne, el hombre que domina todos los campos en los cuales la obra se ve comprometida, el hombre que puede cambiar opiniones, dominar el escenario desde su butaca al frente de él. Es una burla del genio creador que termina dejándose llevar al juego ritualístico de la mímesis teatral.

Los actores son  reproducciones de papeles famosos como Rigoletto, Mefistófeles, Petrushka y la bailarina, Elektra, etc. De los seis actores que componen este grupo hay dos representativos: Mefistófeles y Petrushka. El primero es el jugar mismo, es el libre albedrío teatral, la performance es relajada y divertida, imprime realmente la libertad del actor para crear su personaje, cuánto de esto hay en el actor que hace de actor que hace de Mefistófeles es otro tema. Por otro lado, Petrushka es un personaje interesante que aparece en el primer actor y desaparece en el segundo  para volver como un danzante de flamenco (que es su personaje en la obra de Hilario Hilacha).  En las dos partes Petrushka está presente vívidamente o como un fantasma al cual regresa momentáneamente para hacernos recordar que el actor ha encarnado a Petrsuhka y éste al danzante.

Finalmente, El encarne de Virgilio Piñera que se performa estos días en el Teatro Julieta es muy recomendable por el absurdo, el baile, el quiebre de los clichés sobre el teatro, la burla de los estereotipos, los diálogos muy bien adaptados, la posición que marca la obra respecto a la posibilidad del arte por cambiar con un poco de amor y libertad, con la apertura necesaria para que las cosas sucedan. La obra realmente quiebra la noción del teatro establecido; en el teatro  hay potencia para cambiar el mundo, porque la obra finalmente habla de la libertad para cambiar por amor, libertad que lleva la disposición al juego teatral que si bien rompe la cuarta pared, no llega a romper con la estabilidad de la obra, no quiebra el hechizo bajo el cual el espectador encarna su papel: El de juez.

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