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¿Cómo comprehender un texto como Orgullo y prejuicio y zombis dentro de la literatura contemporánea? ¿A qué género pertenece? Estos problemas surgen frente a un libro como el mencionado. Orgullo y prejuicio y zombis es una modernización del texto por el cual el siglo XIX llevó a la fama a Jane Austen, este texto se presenta como un libro interesante para aquellos que somos fanáticos de la literatura zombie mediante esta primera línea: “Es una verdad universalmente reconocida que un zombie que tiene cerebro necesita más cerebros.” (9) Sin embargo, esta promesa de futuro interès es vana. Antes de comentar esta nueva presentación de la obra más famosa de Austen quisiera hacer algunos comentarios teóricas sobre la traducción que plantea Sergio Waisman en su libro Borges y la traducción.

En este libro, Waisman sostiene que Jorge Luis Borges concibe la literatura como un ejercicio de traducción y que detrás de sus textos, comentarios, entrevistas (que suelen ser paradójicos y a veces contradictorios) el autor de ‘El Aleph’ maneja una teoría de la traducción como paráfrasis. Waisman hace referencia al texto ‘Las dos maneras de traducir’. Texto en el que Borges plantea una dicotomía en el ejercicio de la traducción: “Universalmente, supongo que hay dos clases de traducciones. Una practica la literalidad, la otra la perífrasis. La primera responde a las mentalidades románticas, la segunda a las clásicas.”  La primera no necesita mayor explicación, Borges la asocia con el espíritu romántico que exaltaba el yo creador y subordinaba el texto a éste. La segunda manera de traducción según Borges implica la aculturación del texto, mejor dicho, la actualización del texto al tiempo y espacio del escritor-traductor. En ese sentido, Borges se acerca mucho a la teoría de la traducción de Walter Benjamin que ya he tratado en otro post. Waisman por su parte las diferencia por el anhelo de Benjamin de alcanzar un lenguaje puro mediante una especie de movimiento místico que vaya más allá de la materialidad de la escritura. Borges por otro lado hace referencia a una serie de movimientos en lo que no sólo debemos entender la traducción interlingual (como referie Roman Jakobson) sino que también se entiende ‘traducción’ por la actualización de una misma lengua. En ese sentido, vale recordar ‘Pierre Menard, autor del Quijote’ como aquel cuento en el que Borges plantea la actualización como traducción.

Waisman plantea que la actualización de la obra literaria en Borges supone valoraciones como ‘mala traducción’ y ‘buena traducción’. Sin embargo, Borges no plantea ninguna de estas valoraciones, a lo mucho se acerca cauteloso a la fidelidad del texto y el movimiento de traducción por el cual se ha logrado la edición comentada. En ese sentido Borges plantea una serie de juicios respecto a las traducciones de La Iliada por algunos traductores ingleses, Borges menciona y cita las versiones de Buckley, Butcher y Lang, Cowper, Pope, Chapman y Butler. Quisiera hace un comentario de la última versión citada por Borges, pero antes transcribo la cita que hace Borges y sus comentarios:

“Una vez ocupada la ciudad, él pudo cobrar y embarcar su parte de los beneficios hábitos, que era una fuerte suma. Salió sin un rasguño de toda esa peligrosa campaña. Ya se sabe: todo está en tener suerte…[…] Butler, en cambio, demuestra su determinación de eludir todas las oportunidades visuales y de resolver el texto de Homero en una serie de noticias tranquilas.(Borges, 242-243)

En primer lugar, no hay que ser helenista para saber que en la traducción citada hay un silencio que no podemos atribuir a Homero, mejor dicho, la traducción carece de las imágenes a las cuales nos hemos acostumbrado a leer en las diversas versiones, reediciones y transmutaciones de La Iliada. El mismo Borges nos da cuenta de que esta edición de Butler ‘simplifica’ el texto a su sentido base, al acontecimiento puro y sin el aire rococó que le habían adherido ediciones como la de Pope o Chapman. Esta edición de Butler debe ser entonces catalogada como literal o perifrásica¿? La opción de ‘literaridad’ debe ser descartada desde un primer momento pues no copia indistintamente los rasgos de las primeras ediciones literales de Buckley y de Butcher y Lang. Por otro lado, la opción ‘perifrásica’ parecería no encajar dentro de las definiciones dadas por Borges y comentadas por Waisman, pues no encontramos más que una descripción pobre del evento citado por Borges.  Éste no se arriesga a catalogar de ‘mala traducción’ a la concretísima versión de Butler, incluso siembra la duda con su frase final: “No es imposible que la versión calmosa de Butler sea la más fiel.” (243) Obviamente, aquí el sentido de fidelidad es el mismo que, considero, Benjamin sostiene en La tarea del traductor. Ser fiel es actualizar.

La edición de Butler del relato homérico data de 1900, comienzos de siglo que llevaban una impronta ‘No al positivismo’. El positivismo de Compte había alcanzado abarcar casi todo el sistema de pensamiento occidental y para inicios del siglo XX ya muchos intelectuales desconfiaban de los ‘progresos científicos’. Husserl, Rosenzweig, Heidegger, Chesterton, etc. fueron nombres de ese ejercito intelectual que intento rebatir los avances del discurso científico que terminaría en los campos de concentración nazi. En ese contexto, no se justifica la versión de Butler, una edición que evita las grandes descripciones visuales famosas a finales del siglo XIX y que llevaban en sí el espíritu clásico del renacimiento italiano¿? Butler fue fiel al relato homérico, lo actualizo al modo de expresión occidental de inicios de siglo.

Considero que lo mismo ha sucedido con Orgullo y prejuicio y zombis, si bien la novela no lleva un lenguaje tan rococó como otras obras de la misma época, la versión zombie de Seth Grahame – Smith aporta poco o casi nada a la obra. Su visión a lo que se refiere una actualización es pobre en tanto que no es infiel al objetivo de Austen y cuenta la historia de una manera diferente sino que simplemente aprovecha algunos espacios en los cuales hacer menciones a la plaga zombie. En ese sentido, Grahame – Smith aprovecha algunos silencios de Austen o algunos juicios irrelevantes sobre la actitud de sus personajes para introducir un evento, por ejemplo en las primeras líneas de la novela aprovecha un pequeño diálogo entre el Sr. y la Sra. Bennet para las primeras evocaciones a los zombies:

–Mi querido señor Bennet –le dijo un día su esposa–, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park?

El señor Bennet respondió que no.

–Pues así es –insistió ella–; la señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo.

El señor Bennet no hizo ademán de contestar.

–¿No quieres saber quién lo ha alquilado? –se impacientó su esposa.

–Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.

Esta sugerencia le fue suficiente. (Austen, 63)

La acción es simple. El sr. Bennet tiene poco interés en conocer quién ha ocupado la casa de Netherfield Park y su mujer, como toda mujer de inicios del siglo XIX, urge por contárselo a alguien. La versión de Grahame – Smith presenta la misma escena con otra tonalidad:

-Querido señor Bennet – le dijo su esposa un día -, ¿te has enterado de que Netherfield Park vuelve a estar ocupado?

El señor Bennet respondió negativamente y continuó con su labor matutina, consistente en afilar su daga y pulir su mosquete, pues en las últimas semanas los ataques de los inombrables se habían producido con alarmante frecuencia.

-Pues lo está –afirmó su esposa

El señor Bennet no contestó.

-¿No quieres saber quién lo ha alquilado? –preguntó su esposa irritada.

-Estoy puliendo mi mosquete, mujer. Sigue hablando si quieres, ¡pero deja que me ocupe de la defensa de mi propiedad!

La señora Bennet lo interpretó como una invitación a proseguir. (Grahame – Smith, 9)

Como podemos ver, el aprovechamiento de la situación que Austen plantea en el ‘original’ puede ser interesante en tanto inicio de futuras apariciones y encuentros con zombies. Sin embargo, la versión de Grahame – Smith adolece del encanto estético literario. En su texto no podemos apreciar esa belleza de lo grotesco que nos han sugerido historias como las de George Romero, Max Brooks o Robert Kirkman. Adolece de talento para descripciones que podrían enriquecer realmente la obra sin tener que crear una ‘trama alterna’ respecto de la versión de Jane Austen.

Para hacer literatura zombie no se necesita sólo un buen dibujante, una buena trama. Se necesita un intelectual arriesgado a la fidelidad al texto, a un intelectual que se arriesgue a la pérdida del autor personal y se enfrente a la traducción perifrásica como una ganancia y no como una pérdida. Se necesita (cuando no hay dibujos o no prepondera, como en este caso) de un Alexander Pope que pueda dirigir una edición casi barroca que lleve al lector más allá de la simple descripción de acciones y pueda afectar su individualidad, casi casi como si un zombie estuviese al acecho.

Bibliografía

Austen, Jane. Orgullo y prejuicio. Madrid: Alianza editorial

Austen, Jane & Seth Grahame – Smith. Orgullo y prejuicio y zombis. Barcelona: Umbriel

Benjamin, Walter. La tarea del traductor

Borges, Jorge Luis. Obras completas. Buenos Aires: Emecé

Waisman, Sergio. Borges y la traducción. Buenos Aires: Adriana Hidalgo

 

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Alguna vez han llegado a un salón, se han ubicado en su asiento y de pronto ¿los asalta la sensación de haber entrado a una bolsa de chizitos zombie?

He encontrado ese olor asqueroso en una clase de la universidad y si te sientes identificada, sufre no más.

El caso es éste: en uno de mis cursos hay una chica que huele a chizito zombie, es una chica que no conozco y a lo mucho habremos cruzado unas cuantas palabras, pero afectó toda mi sensibilidad nasal tanto que ahora cuando la veo sólo veo el olor y sus palabras se han llenado del espectro zombie que podrían tener los muertos vivientes si en algún momento fuesen posibles. Pero creo que me he adelantado mucho.

Soy una persona quisquillosa por tradición familiar, no me gustan los olores fuertes, los sabores fuertes y mucho menos los sonidos fuertes; básicamente, tengo una de las sensibilidades más maricas que puedo haber conocido y no es un problema para mí. Por otro lado, un chizito zombie es el snack en estado de putrefacción como el olor de un muerto con sabor a queso o tal vez como el olor de un pie hongueado, sucio y muerto.

La chica a la que me refiero sólo lleva un curso conmigo asi que no la veo mucho, pero supongo que sus compañeros habituales podrían dar más luces sobre el asunto. Por lo pronto hablaré de su pestilencia y las posibles causas:

Causa 1: La primera vez que comenté este olor tan desagradable, otras mujeres me dieron la idea de que podría ser una mujer que no se cuida en higiene personal, particularmente, en los días de menstruación. Esto me hizo acordar de una chica de mi colegio que no se bañaba en esos días por lo que tenía un olor muy similar al que ahora debo soportar cuatro horas semanales; sin embargo, no podría afirmarlo tajantemente, al contrario podría negarlo al decir que habiéndola tenido cerca en un lapso de más de dos meses es imposible sostener la afirmación de que se trata de una persona sucia en la época de menstruación, la suciedad en general por otro lado seguiría en pie pero desprovista totalmente de pruebas.

Causa 2: Otra posibilidad que pueda explicar el olor desagradable es la biología, según he leído las mujeres que se acercan a los 30 años expulsan una gran cantidad de feromonas en comparación con mujeres de otras edades. Este dato podría explicar el olor, pero no se puede afirmar por falta de información sobre la biología particular de la mujer mencionada.

Causa 3: Una variación de la premisa pasada es que puede tener humor fuerte, que según la Real Academia Española es en una de sus acepciones: Antiguamente, cada uno de los líquidos de un organismo vivo. Según la RAE entonces podría entender que la pestilencia que esta chica “proyecta” es nada más una característica, muy desagradable por cierto. Mejor dicho, este olor sería una expresión extra-física de su organismo.

Esta no es la mujer a la que me refiero

Causa 4: Vive cerca de la fábrica de chizitos y en su ropa se impregna el olor del chizito y los efectos de la industria por lo que como resultado tiene ropa olorosa. Podrían decir que ella debería darse cuenta; sin embargo, esto no es necesariamente cierto si tomamos en cuenta que ella puede estar tan familiarizada con los olores aledaños que ya no los diferencia.

Causa 5: Tiene la ropa sucia y el no lavarla le da ese olor fuerte. Incluso podría tener la ropa limpia, pero no tener la costumbre de lavarla provocaría la pestilencia.

Causa 6: Podría ser que come mucho chizito no se lava las manos ni la boca después de comerlos por lo que se le pega ese olor, asi como los niños no se lavan las manos en las mismas situaciones. O tal vez siempre guarda uno en su bolsillo para no olvidarse de comprar otra bolsa para luego de la clase.

Es bajo esas premisas en que puedo comprender su pestilencia. Por otro lado, sobre todo quiero dejar en claro que lo más probable es que se deba a mi sensibilidad maricona y a una o la suma de algunas de las premisas de arriba (o tal vez alguna que no he logrado pensar). Este post pues no trata de divulgar la identidad de esta persona sino hacer burla de la particularidad, de tal forma que cuando la vea la semana siguiente no vea sólo su olor sino también apreciaciones cómicas de las causas que podrían haberlo provocado, tal vez verla como un zombie adicto al chizito y no a la carne humana viva.

P.D. Si eres feminista y te molesta cómo trato el tema, ya fue ya lo leíste. Si eres una persona que al concluir la lectura piensa que soy un marica, ya fue ya lo leíste.

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